PRD Iztapalapa

Héctor Alejandro Quintanar

Una leyenda tanto poética como certera da la bienvenida al visitante que a los parajes iztapalapenses llega: “Iztapalapa: Cuna de la mexicanidad”. Iztapalapa, cuna de barrios prehispánicos y de un acervo histórico impresionante. Sede, además, de un asentamiento humano enorme y un almácigo de problemas políticos tan aciagos dignos de ser relatados en la más mágica de las novelas.

El crisol cultural que alberga Iztapalapa, una de las delegaciones más pobladas de esta ciudad capital, refleja un poco la diversidad del país. Y, por ello, no de balde ni gratuitamente podemos considerarla, más allá de atavismos chovinistas, como un buen mirador mexicano, una cuna de la mexicanidad.

Desde 1997 esta demarcación se ha pintado, en términos políticos, de amarillo: Cuauhtémoc Cárdenas obtuvo aquí un caudal de votos importante para su victoria.
En el año 2000 inició su gestión René Arce Islas (hoy senador de la República) como delegado, y en 2003 hizo lo propio Víctor Hugo Círigo Vázquez. Dato curioso: como parte del reflejo mexicano en Iztapalapa, ambos políticos representan la migración; originarios de Oaxaca, asentaron sus reales –y carrera política- nada menos que en el Distrito Federal.

En 2006 ganó las elecciones locales Horacio Martínez Meza, entonces diputado federal, para ser el nuevo delegado.

Los nombres entrañan una tribu política: Círigo, Arce, Martínez Meza. Todos integrantes de la corriente perredista llamada “Los Chuchos”, que lideran Jesús Ortega –el arribista presidente nacional del sol azteca- y Jesús Zambrano.
Iztapalapa ha sido, por lo anterior y por la cauda de simpatías que le representa al PRD, considerada uno de los férreos bastiones del chuchismo. Pero se equivocan.
Como se sabe, tras la viciada elección de 2006, donde López Obrador dio a todas las corrientes del PRD –chuchos incluidos- el mayor número de sufragios a su favor en su historia, éstos han ido tomando distancia del ex jefe de gobierno, hasta hoy parecer estar más cerca del usurpador Felipe Calderón que del tabasqueño.

Todo por el ánimo de “negociar” con el “gobierno”. No en busca del beneficio público (meta a la que un mequetrefe como Calderón y su séquito de bandidos jamás les importaría llegar), sino de rebatingas en el ámbito de los puestos políticos.
En 2008, en el engendro comicial que pretendió ser la elección interna del PRD, Iztapalapa aportó un enorme cúmulo de votos nada menos que al ala Izquierda Unida, que encabezaba Alejandro Encinas –allegado a AMLO y antagónico a los chuchos, en ese momento encabezados por Jesús Ortega-. Se supo que, incluso, en el distrito iztapalapense donde tiene su residencia Víctor Círigo, Encinas ganó la votación.

Como era evidente, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, instancia a la que debido al cochinero propiciado por los Chuchos en la elección interna del PRD, dio el triunfo a éstos. Pareciera que el Tribunal es un seminario de mañas y trastupijes electorales más que un templo de impartición de justicia.
A pesar del malhabido triunfo de Jesús Ortega, se dejó en claro que Iztapalapa posee una ciudadanía que no está dispuesta a ver a su delegación como un botín a merced de los chuchos.

Hoy, la delegación es un hervidero: por el bando de Círigo, Arce y Ortega contendrán en la elección interna perredista (que se celebrará el 15 de marzo) Horacio Martínez (quien ahora buscará una diputación local), Sergio Cedillo (que hará lo propio en la federal) y, más interesante, Silvia Oliva (por la jefatura delegacional).

De Horacio Martínez vale decir que en 2005, cuando era legislador federal, se colgó del desafuero de AMLO para promover su imagen: hizo intensa campaña de apoyo a la defensa del entonces Jefe de Gobierno. Tras ello, obtuvo la candidatura a la delegación. Años más tarde, con el distanciamiento de los chuchos a AMLO, se supo del arribismo de Martínez.

Silvia Oliva, en pleno desdén a AMLO, inició su campaña meses atrás en Iztapalapa, con pintas donde le reclamaba a Ebrard y a Calderón más seguridad a la delegación (en un claro intento de parecer la voz crítica que falta hace en la política nacional). Pero hay un pequeño detalle. El único mérito de la señora Oliva es ser esposa de René Arce.
Con ello, se uniría a las tristes historias de Marta Sahagún y, más aún en las intrigas palaciegas del sol azteca, Maricarmen Ramírez, la señora irresponsable que contendió por la gubernatura de Tlaxcala en 2004 también ostentado como currículum solamente su unión conyugal con el entonces gobernador de la entidad Alfonso Sánchez Anaya.

Del lado opositor a los chuchos contienden Jesús Valencia, Juan Carlos Rangel (que buscan las diputaciones locales y federales respectivamente). Por la delegación irá Clara Brugada, funcionaria del gabinete de Marcelo Ebrard. Todos ellos figuran en sus fotografías propagandísticas la foto de López Obrador.
¿Podrán los chuchos revertir el ánimo lopezobradorista de la demarcación? ¿Recurrirán a la bajeza de colgarse de nuevo de él, o de atacarlo aun cuando los puestos que tienen a él se los deben?

Indica todo que Iztapalapa será arrebatada de las garras chuchistas. Desde este bastión, ventana clara de la mexicanidad, pueden figurar visos de esperanza para las luchas futuras: ni el PRI ni el PAN figuran. Y el desmoronamiento de los chuchos parece un pronóstico acertado.

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