Campañas sucias

Dr. Mauricio Merino

Dr. Mauricio Merino

Mauricio Merino
Decisiones equivocadas
25 de marzo de 2009

En la vida política hay, por lo menos, dos momentos distintos: uno en el que se toman las decisiones y otro en el que se producen sus consecuencias. Por supuesto, los políticos prefieren participar en el primero que afrontar el segundo; les gusta más mostrarse como los dueños de las mejores soluciones mientras van ejerciendo el poder, que asumir la responsabilidad por los efectos posteriores de sus errores.
Pero los políticos no pueden ignorar invariablemente la secuela que producen sus decisiones, como si vivieran en una especie de presente continuo, sin pasado ni futuro probable. En algún punto, así sea llevados por la más estricta necesidad, deben mirar hacia atrás y hacerse cargo del daño que algunas de esas decisiones pudieron causar a la sociedad, del mismo modo en que reclaman la paternidad por los éxitos que han tenido. De lo contrario, la reiteración obstinada y ciega de los errores que cometieron puede convertirse en una barbaridad, literalmente hablando.

Digo todo esto, porque veo con angustia que nuestra clase política no está mirando hacia atrás y, por lo tanto, tampoco está advirtiendo lo que viene después. Todos los datos consignados en las encuestas recientes nos dicen que los ciudadanos siguen perdiendo confianza en la democracia, en el régimen de partidos, en las instituciones electorales y en el futuro de México. Véase, para comprobarlo, la encuesta más reciente de escenarios políticos de GEA-ISA (empresas a las que difícilmente se les puede acusar de oponerse al gobierno), así como el excelente análisis de María Amparo Casar, publicado el lunes pasado en el diario Reforma.

Esos datos nos dicen que los partidos están minando su propia base de sustentación y que hoy vamos, ajenos a cualquier cosa que haya sucedido ayer, a las elecciones menos confiables, con el sistema de partidos menos creíble y con la menor intención de participación electoral, desde que comenzó nuestra transición a la democracia. Desde que podemos confiar en las encuestas electorales, nunca habíamos tenido números tan lamentables.

No obstante, los partidos están repitiendo exactamente los mismos errores que cometieron ayer, e incluso los están subrayando. No sólo se nos anuncia ya la reproducción de las campañas negras que nublaron los procesos electorales de 2006, sino que ahora se añade el agravante de la acusación de complicidad con el narcotráfico, que ya utilizó el presidente del PAN para restarle votos al PRI. Si ayer López Obrador era un peligro, hoy el PRI es una amenaza.

Como si el país no hubiera pagado ya costos altísimos por esa estrategia electoral en el pasado inmediato, como si los datos que revelan las encuestas recién publicadas no fueran la consecuencia de la polarización, las disputas políticas y los desencuentros de los años recientes, y como si la situación nacional no fuera ya suficientemente grave para la consolidación de la democracia y aun para mantener la estabilidad política del país, el PAN y el gobierno han vuelto a la carga de las campañas negras, mientras sus adversarios, una vez más, están mordiendo el anzuelo.

Durante los últimos años hemos presenciado este juego interminable, de cuyos efectos nadie se quiere hacer responsable. Ni siquiera tras haber modificado la ley para evitar esos despropósitos, de los que se culpan unos a otros nuestros líderes políticos. No obstante, el uso electoral de la guerra contra el crimen organizado puede ser verdaderamente devastador para el futuro de México. La conducta anterior de nuestra clase política no fue inocua: los datos nos dicen que dañó con creces el proceso de construcción democrática. Pero lo que viene puede ser mucho peor: si la gente deja de creer en los procesos electorales y deja de confiar en las instituciones políticas, acusadas por los mismos partidos de estar integradas por cómplices de la delincuencia y del narcotráfico, ¿cómo piensan seguir gobernando el país?

Es preciso que la clase política nacional cobre conciencia del daño que está causando. La vida política no puede consistir solamente en ganar de cualquier modo las elecciones siguientes. También es necesario que el país logre resolver sus problemas fundamentales y recuperar, algún día, la esperanza que depositamos en la democracia como un régimen que podía servir para organizar el Estado, para garantizar los derechos fundamentales, para generar riqueza colectiva y para producir la igualdad social que nunca tuvimos. Estamos jugando con fuego y ya nos estamos quemando.

Profesor investigador del CIDE

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