El triunfo de la voluntad

Jaime Julio Vega Pompa

“Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser grande o democracia”
(Theodore Roosevelt)

MÉXICO AVANZA hacia la democracia. Desde hace ya muchos años gozamos en nuestro país de un régimen (aunque sea sólo de nombre) democrático. Los mexicanos tenemos falta de voluntad, estamos sumergidos en un letargo, nos sofoca un sopor social. Estamos hartos de escuchar promesas, las cuales consideramos que son mentiras y votamos por quien nos cae bien, no por quien nos convence. Y es así que la democracia en México está somnolienta, por culpa de nosotros los ciudadanos, en quienes, según el artículo 39 constitucional, reside la soberanía nacional.

Si decimos por una parte que no hay democracia en México, debemos preguntarnos el por qué de esa aseveración, y pienso que no hay más culpables que la ciudadanía misma. La misma ignorancia nos ha hecho olvidar que en nosotros está el poder decidir cuestiones de suma importancia para el país, en nosotros está la educación de los demás, pero qué les podemos enseñar a los que vienen detrás de nosotros si nos expresamos mal de nuestro país, de nuestros gobernantes (que nosotros mismos hemos elegido), de nuestra misma raza hablamos mal.

La cuestión en esto es ¿qué hacer para recuperar la esperanza en la democracia, en nuestros gobernantes, en nosotros mismos como sociedad civilizada y en progreso? La respuesta no es sencilla pero tratar de responderla presenta un reto interesante. Pienso que la educación es básica para cualquier sociedad, es magnífica la forma en que está concretizada la idea en el artículo tercero constitucional, fracción II, y cito textualmente:

“El criterio que orienta a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. Además:
a) Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”

Sin educación un pueblo simplemente no puede progresar y estará siempre sometido a los demás pueblos instruidos. El orgullo moral del mexicano se encuentra por los suelos y socavado por las tantas carencias económicas, mismas que se vienen arrastrando desde hace mucho tiempo y que siguen atacando los bolsillos de la gente, y, como siempre, la gente desposeída de conocimientos y de poder económico es la más afectada: así es y así ha sido históricamente.

Por tanto, no podemos pretender una superación integral como pueblo mientras no haya una adecuada educación en nuestro país.

Leyendo y reflexionando en las pasadas líneas surge una interesante pregunta: ¿Tenemos, todos, derecho a la educación? La respuesta obligada por la constitución sería: sí; basándonos en el artículo 3 de la misma, sin embargo de qué sirve que todos los individuos tengan el derecho si no todos los individuos tienen la oportunidad y quienes la tienen no la aprovechan. Además, ¿de qué sirve construir un sinfín de edificios escolares si no tienen el adecuado equipamiento o no hay suficientes maestros capacitados verdaderamente para enseñar a los niños de nuevas generaciones que requieren conocer las nuevas tecnologías para que tengan un adecuado desarrollo escolar?

Por un lado, entonces, tenemos que la educación desempeña un papel preponderante en nuestra sociedad pero, como siempre, no todo puede quedar a merced de los demás, la familia también debe apoyar a consolidar la educación, por medio de los valores patrióticos, familiares, de cooperación, respeto y tolerancia, los cuales son fundamentales.

Otro problema no menos importante es la economía. Este tema, a nosotros los mexicanos nos causa cierto dolor de cabeza, ya que hemos tenido una historia algo trágica con eso de los números para las finanzas, y es que el mexicano es por naturaleza trabajador, pero nuestra economía dependiente de otros países nos hace más vulnerables de lo que cualquier economía puede llegar a ser.

Los mismos problemas económicos nos hacen olvidarnos de la política y más que nada de la democracia, no nos puede importar nada más si no tenemos primeramente las necesidades primarias resueltas: si el campesino trabaja largas jornadas por un mísero sueldo que a veces ni siquiera recibe, obviamente no le importará cuáles son las promesas de campaña de cualquier persona que se postule para un puesto de elección popular. A él lo que le interesa es poder aliviar las necesidades inmediatas de su familia.

No pretendo enlistar cada uno de los problemas que rigen en la actualidad de nuestro país, pero esos dos (la educación y la economía) son para mí los principales, además de la falta de conciencia democrática del país. Muchos especialistas señalan que las leyes para regir la vida democrática en México son muy avanzadas, que son de las mejores. Entonces entramos en una paradoja: ¿qué pasa en nuestro país si tenemos leyes de primer mundo y no creemos en la democracia? Pienso que más que creer o tener fe en los políticos, debemos nuevamente tener en cuenta que el poder es nuestro, nosotros somos los que le damos el poder a los gobernantes y de la misma manera podemos quitárselos, pero para evitarnos más problemas de este tipo, debemos entender que nosotros somos responsables de nuestro presente, somos los que trazamos día a día nuestro destino y futuro como nación.

Debemos exigirle a todos nuestros gobernantes, a todos nuestros representantes. Exigir de una forma pacífica, respetuosa y como la ley lo ordene, pero debemos exigir. No hay otra forma. Debemos hacernos escuchar de una u otra forma, sólo de esta manera podremos conseguir poco a poco el ideal de nuestra constitución que dicta: “[…] constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo […]”

La verdadera democracia es un proceso en el cual se presentan los problemas de la patria y después se procuran los medios para resolverlos.

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