Llorar cuando llueve

Entrevista con Pilar Villanueva

Rogelio Laguna
ralg23@hotmail.com

Pilar Villanueva

Pilar Villanueva

Puede improvisar un cuento en un minuto, habla y se mueve como alguien acostumbrado a estar en el escenario, es egresada de la Licenciatura en Teatro de la Escuela Nacional de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes y de la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente forma parte de la compañía teatral Ápeiron, dirigida por el Mtro.Fernando Martínez Monroy.

Además de su trabajo en los escenarios (más de 50 puestas en escena) ha publicado en diversos medios como el diario Uno más uno y la revista Paso de Gato. Pilar Villanueva es una actriz que no tiene miedo de confesar sus miedos y que viaja en metrobús o metro como cualquier otra persona. Platica divertida, la ocasión en que una mujer la reconoció en una tortería, pero afirma que la fama no es su objetivo cuando sube al escenario.

Ralg: ¿Por qué estudiar Teatro en una época donde todos se esfuerzan por ganar dinero, pensaste en ser rica trabajando en ello?

PV: (Ríe) No, jamás pensé eso. Hacer teatro es para mí una necesidad, en el teatro me siento bien, me sirve (ríe) para sentirme contenta con la vida. Entiendo, a través de él, muchas cosas del mundo. Tal vez no para resolver las cosas sino para aprender a mirarlas. Hubo momentos en que me decían que no estudiara Teatro porque no encontraría trabajo. Yo pensaba que si alguien hacía bien algo, tenía que tener trabajo… cuando egresé de la carrera me di cuenta que el Teatro tiene esa parte de realidad, y saberlo es muy duro…

Ralg: ¿Vives del teatro?

PV: Vivo de él pero no sólo de la escena, también doy clases. Hago cosas de audio, artículos culturales, entre otras cosas. Es difícil decir que vivo sólo del trabajo en escena. Me han tocado temporadas donde en todas las funciones el teatro está lleno, y aún así, la cantidad de dinero que entra en taquilla no alcanza para solventar los gastos de producción. Afortunadamente, ha habido ocasiones donde alguna institución paga la nómina de una temporada con buenos sueldos…

Ralg: ¿Hay mejor oportunidad de recursos en teatro “comercial” que en teatro “cultural”?

PV: Yo creo que esa división es complicada, es mejor hablar de teatro de calidad y teatro con deficiencias. Todo teatro debería ser comercial en el sentido de que se ofrece un producto; pues el objetivo no se cumple si la gente no va a las salas. Pienso que hay teatro del que llamamos “comercial” que tiene muy buena calidad, puedes encontrar teatro de calidad o sin calidad, sea cultural o no. El buen teatro es aquél que es honesto con su propuesta, aquél que hace evidente que tiene un trabajo serio detrás, donde hay gente que muestra lo que piensa, lo que le importa, gente que se comprometió verdaderamente.

Ralg: ¿Qué pasa en el fenómeno del teatro?

PV: El teatro es un fenómeno donde se reúnen dos partes que están vivas: los espectadores y los actores. Como decía Peter Brook: cuando hay alguien delante de los espectadores ya comienza el fenómeno, sobre todo si ese alguien se para ahí a contar algo. A mí me sigue pareciendo importante que el teatro cuente algo. Incluso una obra sin texto pueden narrar algo, el teatro tiene muchos lenguajes: el ritmo, el movimiento.

Ralg: ¿Cuál es tu obra favorita?

PV: Todas (ríe). Es una pregunta difícil, creo que mi favorita es Tio Vania de Antón Chéjov.

Ralg: ¿El personaje que hayas interpretado que más te guste?

PV: Electra (en Electra de Sófocles). También el personaje que hago en el monólogo Figuraciones de Luisa Josefina Hernández, me gusta profundamente.

Ralg: ¿Te cuesta trabajo separarte de los personajes?

PV: Creo que todos los personajes se quedan un poco en ti, el proceso de construir personaje te hace encontrar que hay de ti en él. Y cuando uno vive ese proceso sabes un poco más de ti y ese descubrimiento se queda contigo…

Ralg: ¿Cualquier persona puede actuar?

PV: En principio sí, la diferencia es hacerlo de manera profesional o por simple gusto. Cualquiera puede jugar una ficción e imaginar, representar frente a un público, pero la cuestión es que un actor profesional, más allá del talento, tiene que tener la voluntad de entregarse a una disciplina artística, ese es el aspecto que no es común en todos. No todo mundo asume la responsabilidad de dedicar su vida a algo, lo que implica estudiar, buscar posibilidades…

Ralg: ¿El teatro cambia la vida de los actores?

PV: Creo que los actores aprenden a mirar la vida a través del teatro. A mí me ha permitido ver la vida de otra manera, por ejemplo saber que son las acciones las que hablan de las personas, las acciones dicen quién eres, qué deseas, qué te hace falta y cuáles son tus problemas. He aprendido a ver las acciones que hago, a conocerme. Lo que se hace habla de quiénes somos en el interior. Así el teatro te hace ver que cualquier cosa que hagas tiene que ver profundamente contigo. Además, en teatro conoces a los otros, aprendes a trabajar en equipo.

Ralg: Tienes un director (Fernando Martínez Monroy) con el que has trabajado increíblemente en muchas puestas en escena pero ¿qué pasaría si tuvieras que trabajar con un equipo hostil, renunciarías a él?

PV: Uno tiene que entender que no todos ven el mundo de la misma manera que uno, pero es preferible unirse a un equipo que mire de manera semejante. Si te toca trabajar con un equipo con los que compartes muy poco, lo mejor es no exigirles que coincidan contigo, hay que refugiarse honestamente con uno mismo, se debe ser fiel a la manera en que uno piensa y cree. Si sintiera que definitivamente no logro coincidir con el equipo, creo que si renunciaría.

Ralg: ¿Hay personajes fáciles?

PV: Cualquier personaje es un reto en la medida en que tienes que hacer un ser vivo, parece obvio que si el actor está vivo el personaje estará vivo, pero eso no es tan sencillo.

Ralg: Cuando actuaste en Amigo Secreto, personalmente sentí que realmente el personaje vivía, ¿cómo llegas a ese grado de verdad?

PV: Primero hicimos un análisis profundo del texto, encontrar el asunto del que se habla debajo de las palabras evidentes. El personaje es una mujer que no se puede relacionar con un hombre real: se relaciona con una parte espiritual de uno y con una parte carnal de otro. Hay una división que había que averiguar. Además, el tono de la obra me pedía que la mujer fuera nerviosa y coqueta, pero también tímida y frágil. Una mujer con dos vertientes: el deseo y el romance con un hombre, y la necesidad de hablar y ser escuchada sin mantener una pose. Lo que encontré, fue que podía trabajar el personaje a través de un animal: una garza o grulla. Porque es un animal con unas patas delgadas, frágiles, pero con un aleteo fuerte, nervioso. Eso me hizo jugar mucho con los brazos, las manos, la postura de la cabeza. Con ello encontré ritmos y acentos del cuerpo. Había también que incorporar muchos objetos y acciones al personaje…

Ralg: ¡Como cocinar en escena!…además tenías que interpretar a una mujer con una psicología compleja: llora cuando llueve, por ejemplo. ¿Relacionas esto con tu vida? ¿También lloras cuando llueve?

PV: Ella lloraba cuando llovía porque se acordaba que estaba sola. Yo sé lo que es sentirse sola, esa parte la puedo entender muy bien. La lluvia es como una gran lágrima que le cae al mundo…

Ralg: ¿El teatro para escapar de lo que te toco ser?

PV: Nunca lo he pensado así, siento que nunca soy más autentica que cuando estoy en escena, donde paradójicamente no soy yo en un sentido formal. Pero el personaje es sólo una capa de ficción donde yo hago el diseño y juego a tener un cuerpo que no es mi cuerpo, a vestirme como no me visto, donde vivo otros espacios y movimientos. Pero en el interior siempre soy yo, si no lo fuera no sería autentica. Actuar para mí es hacer el ejercicio de comprender la esencia de los seres humanos y eso me hacer mirar a los otros, ver cómo funcionan, entiendo, así, más cosas sobre mí. Actuar me hace sentir que puedo desentrañar los misterios profundos poco a poco y eso me hace sentir calma. Cuando sé que hay algo en los otros que se parece a mí, me siento menos sola y eso me gusta.

Ralg: ¿La mejor función que hayas dado?

PV: La función que di de Figuraciones, cuando se develó la placa, siento que fue una gran función, tuve la sensación de que las cosas sucedían realmente. Había invitados especiales y eso imponía. Pero aún así sucedió la magia de la obra. Otra función que sentí mágica fue durante una invitación a Italia. Había un momento en que el personaje decía —Me siento maravilloso, soy lo más maravilloso del mundo— y era una frase difícil de decir con el nivel de energía adecuado. Era la primera vez que estaba en Europa y todo me parecía tan bello, era maravilloso que hubiéramos llegado hasta allá con un trabajo escénico, la sala estaba repleta y hacía un calor endemoniado porque se había descompuesto el aire acondicionado. Entonces cuando dije la frase, sentí que al menos por un momento—Soy lo más maravilloso del mundo— era absolutamente verdad y podía sostenerse.

Ralg: ¿La peor función?

PV: (Piensa un poco y ríe) Creo que una de los peores fue una función que di un día después de que murió mi abuela y yo estaba muy triste. No logré enfocarme jamás, no pude hacer mucho con mi compañero… él estaba desconcertado, no sabía qué pasaba. Ahí aprendí que uno tiene que compartir lo que le sucede con la gente que te acompaña en escena, aquellos con los que te entregas a ese proceso de comunicación tan profundo del teatro.

Ralg: ¿Qué haces antes de la función?

PV: Cada obra marca diferentes cosas, para empezar llegó al teatro para realizar una serie de actividades que necesito hacer, ya sea calentar, ordenar la utilería, repasar algo o tomarme tiempo de estar en el espacio. Intento llegar dos horas antes de la función, y si no puedo llegar con tanta anticipación, tengo claro qué es lo que debo hacer al llegar: revisar la utilería con mucho detalle, calentar las rodillas…Hacer teatro no es algo fácil, es importante y vital, uno se para en la escena pensando que eso es lo más importante del mundo. Que hay que estar en las mejores condiciones posibles. Estar entero, dormido, comido, bañado (ríe).

Ralg: ¿Por qué la gente tiene que ir al teatro?

PV: Sigo pensando que para sentir cosas, emocionarse, es decir, creo que acudir a cualquier manifestación artística nos sirve para darnos la posibilidad de sentir emociones y sensaciones que no nos atrevemos a sentir en otras situaciones. Ahí nos damos el espacio de vivir de manera distinta. Lo hermoso del teatro es que eso sucede en vivo, uno mira a otro ser humano viviendo al límite, eso le permite a la gente comprender sus propios deseos de vivir.

Ralg: ¿Qué te falta por hacer?

PV: Me encantaría hacer cine, escribir, y algunas obras que me encantaría poder actuar.

Ralg: ¿Te da miedo el tiempo?

PV: Sí (ríe), me da miedo porque el tiempo hace evidente lo que se hace y lo que no. Uno debe estar pleno cada momento. No me preocupa que pase el tiempo, pero me preocuparía no estar haciendo lo que quiero y puedo hacer.

Se acaba el tiempo y el capuchino, le agradezco la entrevista y me invita a la obra en la que participa (Los Perros de Elena Garro, Teatro Sergio Magaña, hasta el 8 de Marzo). Me dice que cualquier cosa que hacemos es importante y que siempre habrá que preguntarnos el sentido de aquello que realizamos. Finalmente, advierte, uno debe hacer lo que siente, incluso, llorar cuando llueve…

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