Editorial Escrutinio No. 19 | 16 de Febrero de 2009

País injusto

DESDE LAS INSTITUCIONES gubernamentales se invita a los ciudadanos a respetar el Estado de Derecho que, se dice, impera en nuestro país; pero cuando en teoría la justicia debiera ser justa, no lo es. Mientras la ley se aplica en contra de los más desprotegidos, a los grupos políticos y a los poderes fácticos, ésta ha de beneficiarlos o, de menos, no irrumpirlos porque lo que entre ellos existe son acuerdos, negociaciones. Se colige entonces que el Estado de Derecho es una fantasía y que no existe ni se aplica dentro de las instituciones que lo promueven.

La resolución de la Suprema Corte que señala que sí se violaron los derechos humanos de las personas de San Salvador Atenco hace tres años, pero que el gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, el ex secretario de Seguridad Pública federal, Eduardo Medina Mora, y varios funcionarios más nada tuvieron que ver, demuestra la impunidad en la que está hundido México. De esta manera, este fenómeno es quizá el primer adjetivo que describe las vastas desventuras que padece nuestro país, en el que su pesaroso sistema judicial consecutivamente amedrenta a las víctimas y privilegia a los victimarios.

Otro caso indignante es el fallo del Consejo General del IFE, al no sancionar a Televisa y a TV Azteca por su claro desafío al organismo electoral, con lo cual se desmorona la credibilidad del instituto con los ciudadanos y se confirma la versión denostadora que sostuvo en todo momento la televisora del Ajusco en esta querella: el IFE y los partidos asedian su programación favorita con spots. La gente continuará irritada. Esta situación es riesgosa porque no sólo los concesionarios del poder fáctico que representa la televisión chantajean y negocian así sus intereses; en el fondo está algo más delicado: la consolidación de la democracia a través de la democratización de la sociedad. Con un corcusido a los vacíos legales de la Reforma Electoral, el Senado de la República respondió la tarde de ayer y realizó reformas a la ley de radio y televisión. Estemos al tanto.

Como se aprecia, México se encuentra anquilosado por monopolios salvajes y por la paliativa visión de la generalidad de la clase política y de los funcionarios de gobierno; inmerso en un sistema judicial que nunca toca a los poderosos sino que decide negociar con ellos. Y cuando la justicia debiera ser justa, en nuestro México es sólo selectiva.

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