Los cuentos no quieren ser contados

Entrevista con Juan Villoro

 

                                                                                                                              Rogelio Laguna

 

Tiene 52 años y ha publicado novelas, cuentos, obras de teatro y ensayos. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el premio “Xavier Villaurrutia” en 1998,  el premio “Herralde” de novela en 2004 y el premio “Antonine Artaud “en 2008. Sin embargo, como él mismo afirma, los premios son “accidentes felices” que uno agradece pero que no son certificados de calidad ni de inmortalidad. Sus publicaciones han sido traducidas a italiano, francés, inglés, alemán y serbio.

            Juan Villoro estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana, entre 1977 y 1981 condujo un programa en Radio Educación titulado “El lado oscuro de la luna”, hasta que fue nombrado agregado cultural en la Embajada de México en Berlín Oriental, donde viviría hasta 1984. Además de su labor profesional como escritor,  se ha desempeñado como profesor invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Universidad de Yale, la de Boston y la Universidad Pompeu Fabra. 

            En 1999 fue nombrado duque de Nochevieja  en el reino imaginario de Redonda, que gobierna el escritor Javier Marías.

            Es alto, con tono afable y habla de las cosas como si todas fueran dignas de reflexionarse y tomarse en serio. Para iniciar la entrevista le pido que firme algunos libros y le pregunto acerca de su padre, el filósofo mexicano Luis Villoro.

 

 

Luis Villoro

 

Ralg: ¿De qué manera te afectó o te ayudó ser hijo de un filósofo tan reconocido como Luis Villoro?

JV: Cuando era chico me costaba trabajo entender a qué se dedicaba mi padre. Yo tenía compañeros cuyos padres vendían alfombras, eran pilotos o vendían pinturas de agua a domicilio, trabajos concretos que fácilmente sabes de qué tratan. Para mí era difícil entender a qué se dedicaba el mío. Después vino el divorcio de mis padres cuando tenía 9 años y no tuve la oportunidad de crecer con él.

Los intelectuales, por lo general, no son las personas más afectuosas ni las más cercanas a los niños. Muchas veces prefieres a un papá que a un profesor, con mi padre, afortunadamente, he tenido una muy buena relación que, como cualquier otra, también ha pasado por momentos de tensión.

Cuando empecé a escribir mi padre no era tan conocido fuera del ámbito universitario, yo buscaba desde el principio un camino propio, no quería dedicarme a lo mismo que él. Así que escribí de rock, evitaba escribir ensayos y no entré propiamente al ámbito académico. A mi padre le daba miedo que yo no fuera a tener trabajo porque  estaba acostumbrado a tener un sueldo fijo, prestaciones…cuestiones que los escritores por lo general no tienen.

 

Ralg: ¿Te ayudó ser hijo de Luis Villoro para tener oportunidades, conocer gente?

JV: Eso es relativo, en cualquier lugar se ve muy mal que alguien llegue recomendado. En algunos casos puede parecer que te ayuda pero a la larga es complicado. Mi padre, sin embargo, no era una persona que invitara a su casa a escritores o intelectuales. Pero siempre es un arma de doble filo que alguien tenga un padre conocido.

            La relación ahora se ha invertido un poco, leo sus libros y me preocupa que su trabajo se difunda, le propuse hace tiempo compilar algunos de sus ensayos. Ese libro acaba de ser publicado en la UAM  (La significación del silencio y otros ensayos).

 

Ralg: ¿Él te lee a ti?

JV: Sí, incluso los libros para niños. Finalmente, la literatura infantil no está lejos de la filosofía, los autores que me interesan como Michael Ende, Roald Dahl, Francisco Hinojosa… toman en cuenta  preguntas importantes sobre el sentido de la vida, la amistad, el amor… son como pequeñas filosofías. Mi padre no está alejado de ello, incluso hace algunos años hizo una traducción de El principito.

 

(Llegan sus hijas y su esposa al café. Se sientan en una mesa cercana)

 

 

 

Vivir de la literatura

 

Ralg: ¿Vives de la literatura?

JV: Vivo de escribir, trabajé en Notimex, en Relaciones Exteriores, en La jornada, pero desde hace 10 años decidí vivir de lo que escribo, no estoy en el Sistema Nacional de Creadores, no tengo becas y no las pido. Me sostengo de mi trabajo, a estas alturas es para mí un compromiso ético vivir sólo de lo que escribo…

 

Ralg: ¿Y es rentable?

JV: (Ríe) No, no es rentable, pero es muy satisfactorio porque haces lo que quieres. Acabo de escribir una novela para niños (El libro salvaje), muy extensa, de 250 páginas. Por ella me dieron un anticipo muy bueno en el Fondo de Cultura Económica, pero tuve que vivir de eso dos años. Ahora, para recuperar ese anticipo debo vender 14 mil libros…yo confío en que se van a vender los 14 mil libros. Pero en el mercado que tenemos en México uno tiene que hacer otras actividades si quiere mantener a una familia.

            La situación material de la literatura es arriesgada. No me quejo porque es lo que escogí, lo que sí puedo decir es que vivo de lo que escribo aunque a veces no de lo que quiero escribir. Escribo textos para exposiciones, guiones de cine, de televisión…

 

Ralg: La obra de teatro…

JV: Claro, Muerte parcial dirigida por Regina Quiñones. Nos dieron un teatro esplendido en Bellas Artes pero no había dinero para publicidad. Regina y yo decidimos invertir el dinero que habíamos recibido en publicidad con el acuerdo de que podríamos recuperarlo en taquilla, y lo logramos recuperar. Había que arriesgar nuestro dinero durante tres meses para tener publicidad…

 

Ralg: Entonces eres un escritor con suerte, debutaste en Joaquín Mortíz, eres hijo de Luis Villoro…

JV: La suerte es algo muy relativo, como dice un amigo mío, Fabrizio Mejía Madrid, nadie sabe que detrás de cada texto hay una humillación. (Risas) La gente ve los textos publicados pero no ve los rechazos, las tergiversaciones, a quién hay que ir a ver, lo que hay que aguantar. Es un ámbito difícil del que, sin embargo, no me quejo. A mis 52 años puedo decir que me ha ido muy bien.

No puedo quejarme. Pienso que grandísimos escritores como Kafka tuvieron una vida terrible, murieron habiendo publicado un  libro o sin publicar, sin saber que se convertirían en autores célebres. Yo fui muy amigo de Roberto Bolaño, quien no imaginaba que tendría el éxito que tiene ahora.

 

Ralg: También es el caso de Fernando Pessoa.

JV: Pessoa es un excelente ejemplo: vivía en condiciones precarias; casi de prestado, sin saber que estaba renovando toda la historia de la literatura portuguesa.

 

La noche navegable

 

Ralg: Hablemos de tu primer libro de cuentos, La noche navegable. Un libro donde los finales parecen diluirse, quedan preguntas después de cada cuento.

JV: Escribí La noche navegable entre los 17 y los 21 años, era muy joven y escribía poco. Durante 4 años trabaje en los cuentos que conforman el libro… Me gusta mucho citar una carta de Carlos Pellicer que le manda a un joven poeta donde dice “tengo 23 años y creo que el mundo tiene mi misma edad”. Carlos Pellicer veía una taza de té y le parecía que tenía la misma juventud que él, escribía como si todo tuviera el ánimo celebratorio de la juventud. Los Beetles hacían canciones con este mismo ánimo, todo era tan fresco como los Beetles, el amor, la vida…La noche navegable participa de ello, se ejerce en los cuentos un poco de inocencia. Me interesaba que los relatos tuvieran finales abiertos, quise que los personajes enfrentaran experiencias que los pusieran a prueba. Buscaba una sensación de vida interrumpida que después devuelve a los personajes a la realidad.

            Después me interesé en relatos con una estructura totalmente distinta, sobre todo en mis últimos libros de cuentos: Los culpables  y La casa pierde. Que tienen un final planeado, pero La noche navegable era como una improvisación de Jazz, quería compartir las vivencias de los jóvenes, lo que sentían, sus ritos, sin determinar sus historias porque eran personajes a los que les faltaba vivir mucho.

 

Ralg: ¿Cómo a ti?

JV: A mí mismo. Por eso no quería clausurar las historias sino que los personajes descubrirán el amor, la traición, la solidaridad y luego continuar su vida…

 

Ralg: ¿Cómo si la vida tuviera un peso distinto cuando no se le conoce, cuando tiene secretos?

JV: Quería evitar el autoritarismo de la edad adulta que busca la clausura, los ciclos. Los padres les dicen a sus hijos que no dejen las cosas sin terminar. La gente mayor ya piensa en acabar cosas, para un autor joven, la idea de clausura era acabar con la vida de los personajes. Yo quería que siguieran viviendo…para mí eso era la infancia: seguir escapando, huyendo.

 

Ralg: ¿O atravesar los obstáculos  sin evadirlos, como en “Huellas de caracol” y decir ¡ni madres, no los voy a evitar, voy a pasar por todos!?

JV: ¡Sí! , atravesarlos y decir a la chingada con ellos. Está el que anhela ser futbolista, no sabemos si lo será o no, pero frente a una lata de cerveza se siente como si estuviera frente a un balón mágico y que está chutando en el Azteca. La juventud está hecha de momentos gran excitación: fiestas, tocadas, las primeras caricias o la traición de tu mejor amigo. La noche navegable está hecha de todos esos momentos…

 

Ralg: ¿Hay que seguir los sueños?

JV: Sí, no podemos dejar de soñar. La literatura es un sueño dirigido. Mi cineasta favorito es Buñuel y me gusta por esa capacidad de hipnotizar, a él más que el cine le gustaban los sueños.

 

Ralg: ¿Se debe buscar siempre la palabra exacta?

JV: Ese es el oficio de cada escritor. Me sorprende que algunos escritores nada más redactan y no se afanan en jugar con su materia. Para el escritor las palabras son como los colores para un pintor.

 

Ralg: ¿Eres un escritor de inspiración o eres un escritor que trabaja mucho con los textos?

JV: Creo que en la narrativa es más efectivo el trabajo constante que la inspiración. La inspiración sólo llega cuando has trabajado muchísimo, de nada sirve la inspiración cuando estás en la cantina o con tus cuates, reproducir eso cuesta mucho trabajo. La inspiración tiene que ver más bien con la lectura, hay textos que te causan escalofrío o que te cautivan sin saber por qué. He sentido más momento de inspiración como lector que como escritor.

            He escrito muchas páginas estando muy contento y muy divertido y muchas veces esas páginas no son buenas, escribir con felicidad no es garantía de que llegues a grandes resultados. Hay cosas que, en cambio, se te resisten. Tienes que trabajar mucho en algo que no quiere ser contado y resulta mejor. En esencia yo creo que los cuentos no quieren ser contados, los cuentos son rebeldes, por eso escribí  El libro salvaje.  Trata, precisamente, sobre un libro que no quiere ser leído, que huye en una biblioteca de los lectores como un caballo salvaje que nunca ha tenido jinete. Para un escritor todo libro al principio es un libro salvaje, todos los libros se resisten, no quieren ser escritos. Eso es lo que hace al trabajo del escritor interesante, si no hubiera esa dificultad no tendría fuerza lo que se escribe.

 

Libros salvajes

 

Ralg: ¿Qué te gusta leer y qué libro te ha sido  salvaje?

JV: Muchos libros han sido salvajes dependiendo la edad, las circunstancias, un ejemplo que puedo dar es El mío Cid que es difícil de leer cuando eres muy joven, el Ulises de Joyce que se me resistió porque quise leerlo demasiado pronto. Hay escritores importantes y significativos  con los que nunca he tenido una buena relación como Zolá o Carpentier, autores que sé que valen mucho y respeto, pero que no son para mí.

 

Ralg: ¿Qué piensas acerca de los autores que no escriben gran literatura sino que parecen más bien literatura “light”?

JV: Hay autores que literariamente son un desastre, aunque me parece genial que los lea mucha gente porque el hecho mismo de leer ya pone en la gente en el uso de los libros. Es deseable que la gente lea cosas buenas, si leen algo que no es literatura propiamente al menos usan la imaginación y pueden pasar después a literatura de mayor calidad.

 

Ralg: ¿Piensas en los lectores cuando escribes?

JV: No, bueno, sí pienso en la claridad, no creo en la confusión gratuita, me molesta la prosa que se pretende profunda a través de la confusión o de efectos muy buscados. Con la prosa ocurre como con el agua: si un charco está sucio no ves su profundidad, si está claro se arriesga el charco a saber qué tan hondo es. Lo más difícil es crear una prosa que siendo clara tenga algo de misterio, el mejor ejemplo de ello es Borges. La claridad presupone al lector, que alguien estará leyendo e intentando buscar sentido. No pienso en alguien particular.

 

Ralg: ¿Tienes lectores conejillos de indias?

JV: Sí, siempre le doy a leer los libros a distintas personas, es muy importante la mirada de otro. Cada novela la leen como 7 o 9 lectores, no siempre lo mismo y no necesariamente escritores. Lo mismo hice con la obra de teatro, es muy provechoso para mí.  A mi mujer, Margarita, no le queda mas remedio que leer mis libros (ríe), es un conejillo de indias heroico. Con mi hija Inés es más difícil porque tiene mente de escritora y empezamos a discutir las historias. El arte no puede escapar de una parte subjetiva de gusto.

Un poco de política

 

Ralg: Viviste en Berlín Oriental como agregado cultural antes de que cayera el muro,¿qué te dejo esa experiencia?

JV: Tenía mucha curiosidad por ver cómo se vivía en un socialismo bien establecido que tenía un elevado nivel de educación, medicina, deporte. Había muchas restricciones en la libertad individual, en cierta forma era una cárcel muy bien establecida, había muchas actividades, pero no había oportunidad de leer lo que quisieras, expresarte como quisieras, viajar a donde quisieras.

            Para mí fue una lección muy fuerte, el socialismo que conocimos en aquella época no era democrático y pude ver hasta dónde puede llegar un régimen que no estaba organizado democráticamente. Otra gran lección fue encontrarme con otros latinoamericanos, ver la gran familiaridad de valores y afectos culturales. También vi el papel  político de la iglesia evangelista, que se implico de manera heroica en la búsqueda de una sociedad más democrática. El resultado final fue decepcionante, los alemanes orientales obtuvieron la libertad, pero acabaron siendo empleados de los alemanes de occidente. Eran años de conflagración nuclear donde ambas alemanias eran  la zona de fuego.

 Ralg: ¿Democracia en México?

JV: Ha sido un desastre. La primera vez que voté en 1976 y el candidato único era José López Portillo, Jorge Ibargüengoitia escribió en su columna: “el domingo son las elecciones, ¿quién ganará?”. Debuté en una democracia vendida, manipulada.

            Era una época en que la izquierda dogmática en México había satanizado al rock porque pensaban que era un instrumento de penetración imperialista, en “El lado oscuro de la luna” buscamos espacios para el rock, porque para nosotros tenía un mensaje libertario, de rebeldía. 

Ahora, el gran problema es que pensamos que la democracia, el “cambio”, traería muchos beneficios, pero hemos visto una democracia donde se han perdido muchas de las cosas que se habían ganado durante el PRI, al grado de que podemos decir que estábamos mejor contra el PRI, y digo “contra” porque no se puede estar “con” el PRI. Muchas cosas secundarias del régimen priista eran superiores a la inoperancia que ha mostrado el PAN.

 

Ralg: ¿En qué estás trabajando ahora?

JV: Estoy escribiendo una novela y acabo de terminar otra obra de teatro que no sé si se montará este año o en el próximo. También me he involucrado en un trabajo periodístico acerca de los negativos de Robert Capa que aparecieron en México a principios del año pasado. Estoy en el multiempleo habitual…

 

Termina su té, le agradezco la entrevista y dice contento que él paga la cuenta. Después se despide de las personas del café y sale con sus hijas por la calle donde vivía Jorge Ibargüengoitia hace ya algunos ayeres.

Fotografías, Leonardo  Soto.

 

 

Obra de Juan Villoro

Novela

  • El disparo de argón (1991)
  • Materia dispuesta (1997)
  • El testigo (2004)
  • Llamadas de Ámsterdam (2007)

Cuento

  • La noche navegable (1980)
  • Albercas (1985)
  • La casa pierde (1999)
  • Los culpables (2007)

Libros para niños

  • Las golosinas secretas (1985)
  • El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica (1992)
  • Autopista sanguijuela (1998)
  • El té de tornillo del profesor Zíper (2000)

Otros

  • Tiempo transcurrido (Crónicas imaginarias) (1986)
  • Palmeras de la brisa rápida: Un viaje a Yucatán (crónica, 1989)
  • Los once de la tribu (crónicas de futbol, 1995)
  • Efectos personales (ensayo, 2000)
  • De eso se trata (ensayos literarios, 2008)
  • Safari accidental (crónica, 2005)
  • Dios es redondo (ensayos y crónicas sobre futbol, 2006)
  • Funerales preventivos: Fábulas y retratos (ensayos políticos acompañados por caricaturas de Rogelio Naranjo, 2006)
  • La Alcoba Dormida (Selección de cuentos de su propia autoría)

 

*Más acerca del entrevistador: http://www.rogeliolaguna.com

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s