INTERLUDIO. ni muy muy, ni tan tan

Mariana León Medina
 
Ser o no ser, se preguntaba un filosófico Hamlet acerca de cómo actuar: seguir los designios de su padre convertido en fantasma o seguir formando parte de la apacible vida cortesana. Nada termina bien para Hamlet, pero esa es otra historia. Porque aquí nadie escoge venganzas, sino discursos a medias, y concentraciones para demostrar quién-tiene-más-capital-político. Aquí sí se vale enseñar las cartas, ¿y porqué no?, blufear un poco para ganar la partida. Así parece que es la posición de López Obrador después de haber perdido un importantísimo terreno con el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), con Jesús Ortega al frente del partido, el señor López sigue explorando el terreno.
Al menos así se dejó ver el pasado 24 de noviembre cuando se celebró una de las últimas concentraciones de la Comisión Nacional Democrática de este año. Las declaraciones del ex jefe de gobierno fueron:
“Tenemos que tener muy claro qué es lo que nosotros representamos, para que no haya duda ni titubeo, y saber dónde radica nuestra fuerza. Debe tenerse en cuenta que somos millones de ciudadanos a nivel nacional, esto tiene que quedar muy claro, y que no sólo –y esto es lo más importante– es la cantidad sino, fundamentalmente, que se trata de las mujeres y de los hombres más conscientes y comprometidos del País en la lucha por la dignidad, la justicia y la auténtica democracia.
 
“También nos ayuda mucho el que tengamos autoridad moral. Sobre todo en esta época de decadencia, cuando nuestros adversarios han optado por actuar sin ideales ni principios, sin escrúpulos morales de ninguna índole, y se han entregado por entero a la mentira y a la corrupción”.
Bien vale analizar el discurso, para no caer en esos izquierdismos inciertos. Lo cierto es que Andrés Manuel no ha sido muy claro sobre sus intenciones políticas, por ahora se habla de formar un movimiento que no se sabe muy bien hacia donde se dirige. Hay quienes opinan que López Obrador ha tenido dos oportunidades de obtener el poder: durante el desafuero y después de las controversias por el fraude, o para ser más estrictos, el supuesto fraude electoral. Pero el llamado “presidente legítimo” no ha acabado de determinar su postura: parece que el discurso se refiere más a momentos coyunturales que a proyectos concretos.
 
Tampoco puede afirmar que él si es digno de tirar la primera piedra, pues aunque diga que no acepta las decisiones que toma el Partido de la Revolución Democrática (PRD), no ha terminado completamente con el partido. Encinas rechazó el puesto, pero dejó a alguien de su entera confianza que para el caso es lo mismo: discurso mediático de ideales y principios, por desgracia. Por ahora seguirá llamando a la concentración y a la lucha por la defensa del petróleo: ¿pero cómo, hacia dónde?
 
AMLO también afirmó que la siguiente marcha será enfrente de Televisa para denunciar el que no le hayan brindado espacios. ¿Acaso pensará entrar en la lucha en contra el duopolio mediático?, ¿ejercerá la crítica de fondo?, ¿olvidará lo complaciente que se mostraba con Televisa durante su campaña electoral?
Pero al final es cierto, en la política no se puede ser ni muy muy, ni tan tan; López Obrador no está listo para romper con el poder económico, político e institucional que ofrece el partido; pero el movimiento (sic, hasta que la Real Academia tenga una palabra para cosa-de-mucha-gente-poca-acción) que dirige no puede darse el lujo de poner en duda su “autoridad moral”.
 
Detour
  
Jorge Zepeda Patterson está ahora al frente de la sección Editorial del periódico más antiguo de México: El Universal. En entrevista con el siempre veleidoso Ricardo Rocha, aunque en realidad no se notaba quién entrevistaba a quién, Patterson explicó el papel de los periodistas en la actualidad. Declaró que “los periodistas acabamos siendo interlocutores con los poderosos, con los soberanos. Esto no debería ser así, pues debemos ser fiscales, tenemos que denunciar en nuestras páginas lo que sucede”. El Universal no pudo estar en mejores manos, pues dijo también que no se debe caer en el sensacionalismo de la nota roja (bueno, y de qué vivirá El gráfico).  Ah, y no, Rocha no se sonrojó.

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