El “cochinero” es legal

Adán Castro Acosta
Este miércoles 12 de noviembre, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) validó la cuestionada y polémica elección interna del Partido de la Revolución Democrática (PRD), mejor conocida en el dominio público como “el cochinero”, modificando el cómputo del partido y otorgando la victoria a Jesús Ortega Martínez con 440,891 votos, encima de su más cercano contendiente, Alejandro Encinas Rodríguez, quien quedó con 404,940.
     La decisión tiene lugar a casi ocho meses de que se llevó a cabo la elección y después de haberse comprobado un sinnúmero de irregularidades que no sólo hundieron en el descrédito a dicho partido, sino que lo colocaron en una situación altamente inestable que se prevé podría derivar en fractura definitiva.
     De hecho, la decisión del TEPJF agudizó aún más la división, pues inmediatamente después de que se dio a conocer la resolución, Ortega y Encinas, líderes de la corriente Nueva Izquierda (NI) y de la alianza de corrientes Izquierda Unida (IU), respectivamente, dieron sendas conferencias de prensa, donde ambos adoptaron posiciones totalmente opuestas.
     Mientras que Encinas conminó al líder de NI a rechazar el fallo del Tribunal, basado en el argumento de que no se puede “pretender una legitimidad desde un órgano del Estado, cuestionado de origen por nuestro partido”, éste dejó muy claro que no renunciaría por nada al puesto que ambicionaba desde 1996 y por el que había contendido ya en tres ocasiones, todas frustradas.
     Una vez emitido el fallo del TEPJF, representantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN), como Gustavo Madero y Manlio Fabio Beltrones, no fueron capaces de ocultar su beneplácito, y se congratularon ante la perspectiva de tener “un interlocutor que pueda establecer los compromisos y los acercamientos cada vez más”.
     En este contexto, que favoreció la crispación al interior del partido, Jesús Ortega aseguró que buscaría recuperar la unidad y que para ello buscaría a Encinas e incluso a Andrés Manuel López Obrador.
     Sin embargo, y aunque la legislación interna del PRD le concede a Encinas la Secretaría General, el segundo puesto en importancia después de la presidencia, será hasta este martes 18 que el exjefe de gobierno de la Ciudad de México anuncie si acepta ese cargo o de plano abandona el partido.
     Por lo pronto, Izquierda Democrática Nacional (IDN), una de las corrientes más importantes de las que conforman IU, ya declaró, en voz de Dolores Padierna, que “no avala ni reconoce a Jesús Ortega Martínez como Presidente”. Aún más: considera que la sentencia del TEPJF “es el pago del gobierno Federal por el voto a favor de la Reforma Petrolera”.
     Tras este nuevo golpe a la unidad del partido, se hicieron escuchar de nuevo, como a lo largo de estos ocho meses, las voces que predicen que esta vez sí viene la ruptura definitiva del partido: que si López Obrador y su grupo se mudarán al Partido del Trabajo, que si se irán a Convergencia… Lo cierto es que respecto a estas versiones no hay nada confirmado.
     Lo que sí es seguro es que en el PRD se consolida el poder de NI, grupo mejor conocido como los Chuchos. Con la presidencia nacional en sus manos, esta vez de forma definitiva —puesto que el interinato de Guadalupe Acosta Naranjo siempre fue precario política y jurídicamente—, la facción comandada por Ortega se dispone a llevar a cabo una serie de cambios que llevarán a la práctica su muy particular concepto de la izquierda política.
Lo que validó el TEPJF
El pasado 19 de julio, la Comisión Nacional de Garantías (CNG) del PRD, instancia del partido cuya función es resolver las controversias y garantizar los derechos de los perredistas, resolvió la anulación de la elección de presidente nacional y secretario general, después de atender todos los recursos que presentaron las partes en contienda.
     Formalmente, la anulación obedeció de manera estricta a la comprobación de una irregularidad: la sustitución indebida de funcionarios de casilla en más de 20% de éstas. Sin embargo, en la votación que llevaron a cabo los tres comisionados que conforman esta instancia, Ernestina Godoy Ramos, quien ocupaba entonces el cargo de comisionada presidenta, dio a conocer un documento donde subraya la importancia de “pronunciarse en relación con las prácticas fraudulentas llevadas a cabo durante la jornada electoral y sus secuelas posteriores”.
     Dicho documento consiste en un detallado análisis de las irregularidades y atropellos cometidos en la elección perredista. Algunos de los datos que expone ayudan a tener una idea de la elección que convalidó el TEPJF este miércoles 12, precisamente rescindiendo la anulación que había hecho la CNG.
     Por ejemplo, el documento de la entonces comisionada Godoy —quien renunció en agosto— da cuenta del problema de la “votación atípica”. Observa que, si bien esta irregularidad ha sido una constante en casi todas las elecciones internas del PRD, en la elección de marzo de 2008 llegó a un nivel insostenible. Como ejemplo, Chiapas, donde esta votación atípica aumentó en un ¡3,200%!
     De poco sirvieron las medidas —tardías, por si fuera poco— que tomó el partido para contrarrestar prácticas ilegales, pues, como anota el documento de Godoy Ramos, éstas han logrado perfeccionarse gracias a la impunidad otorgada a quienes las cometen. Ante el ingenio de los tramposos, quedaron cortas medidas de seguridad como la entrega de un límite de boletas (entre 600 y 1,000) por casilla.
     Un botón de muestra: en una confrontación de las casillas con votación atípica registradas en la elección perredista de 2008 con las de la elección federal de diputados de 2006, se comprueba que, en términos comparativos, aquéllas se encuentran en un porcentaje 287% mayor.
     Esto a pesar de que, en la elección federal, se categorizó como “casilla atípica” a la que registró entre 650 y 750 votantes, mientras que en la elección partidista se anotó como tal a la que tuvo entre 901 y 1,000 votantes. Con todo y que el universo de la elección perredista fue de 4,092 casillas, mientras que el de la elección federal fue de 131,287. Es decir, 3,208.38% mayor.
     El otro gran problema de la elección fueron las casillas que jamás se instalaron y que, sin embargo, arrojaron una copiosa votación, quizá por arte de magia. Se comprobaron, sólo en Chiapas y en Veracruz, 67 casillas de este tipo.
     Desde antes de la elección cundían los focos de alarma. Como dio cuenta el periodista Salvador García Soto en su columna Serpientes y escaleras del diario El Universal el sábado 8 de abril, una semana antes de la fatídica elección, el PRD registró una afiliación casi milagrosa, con municipios cuyo padrón perredista creció hasta en 1,500%. Muchos de ellos gobernados por el PAN o el PRI.
     Decenas de miles de perredistas espontáneos surgieron de la nada. Entidades cuya votación por el PRD rondaba los 25,000 votos en la elección federal de 2006, en 2008 aportaron 75,000 perredistas —un aumento de 200%— al padrón del partido. De obedecer esto a un auténtico éxito de la capacidad de convocatoria del perredismo, ya se podría dar por sentada su victoria en 2009.
     Ante este panorama, el documento de la excomisionada Godoy afirma sin titubeos: “es el proceso electoral con más irregularidades en los 19 años de existencia del PRD”. Por “cochineros menores” que este, el PRD anuló una elección en el pasado: la de 1999.
     A pesar de todo esto, el mismo Tribunal que en 2006 validó la también cuestionada elección federal minimizando delitos electorales como los de Vicente Fox y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), decidió dar por buena una elección donde, según su propia sentencia, se anula más de la quinta parte de las casillas: un 22.28%.
     Por lo menos, no se puede acusar al TEPJF de incongruencia con sus actitudes anteriores: minimizar trapacerías parece su especialidad. Como adujeron los magistrados: alrededor de 80% del voto de los militantes del partido es más importante que el 20% anulado. Pues sí.
     Por lo visto, no importa que en los estatutos del partido este 20% sea jurídicamente suficiente para anular toda la elección.
     El mismo tribunal cuya presidenta, María del Carmen Alanís Figueroa, se cuenta entre el círculo de personajes cercanos a Manlio Fabio Beltrones, otorgó la victoria al candidato que, según el análisis de la excomisionada Godoy, obtuvo el 26.35% de su votación en casillas irregulares (atípicas y no instaladas). Hasta aumentó su ventaja gracias al nuevo cómputo.
     El mismo Tribunal para cuyo criterio las boletas de la elección federal de 2006 son objetos “indisponibles” ironizó, en voz del magistrado Flavio Galván, autor de la sentencia, sobre la demanda de “casilla por casilla y voto por voto”: después de todo, su conteo es el bueno, el inatacable.
     El mismo Tribunal por cuya puerta trasera tuvo que entrar Felipe Calderón para recibir su constancia de mayoría de votos, entregó este viernes 14 el respectivo documento a Jesús Ortega.

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