Cambio de Piel

Por Erick Steve Vilchis Chávez
 
¡Cómo los odio! Si tuviera más valor me iría hoy mismo de la casa, correría lo más lejos de aquí, sin más remordimiento que mi propia rebeldía, iría allá donde las putas pagan su escuela y hospedaje tal como decía el reportaje de televisión, voltearía una sola vez para ver mi casa y plasmar la imagen en mi memoria, recordar aquellos buenos momentos de mi infancia, evocar a mis padres como los bellos pilares que fueron, y olvidarme por completo de los deplorables inquisidores en los que se han convertido. Hoy, quisiera tener más agallas para tomar la vieja maleta café de la repisa y largarme, emanciparme  de mis padres por completo y empezar una nueva vida de alegría.
 
Vuelo 854, favor de preparar sus cosas,  su zona de abordaje será por la puerta 22.
–          Disculpe, disculpe señorita ¿Sabe dónde son los sanitarios?
–          Hola pequeña, sí, son por allá, ves aquel corredor de la izquierda te sigues derecho  y es la primera puerta.
–          Muchas gracias.
–          De nada bonita.
 
     Mierda,  no hay jabón en el baño, el aeropuerto ya no  acostumbra  matar judíos hoy en día. El espejo refleja una sonrisa convincente de mi exterior,  ya es momento de que alguien invente la maquina que exprimiera tu interior, eso tendría más valor emocional que este mugroso reflejo. Ahora es momento de  conseguir los centavos faltantes para completar el boleto de avión. Mi nuevo y acertado destino es Dublín, lo decidí ayer en la noche cuando veía el reportaje de las chicas en esa ciudad. Ya me hacía a la  idea de vender mi cuerpo, pero no pensé que tendría que hacerlo tan pronto, de algún modo debo conseguir dinero.
       Por las miradas de todos los pasajeros puedo deducir que hay señores más necesitados que yo y no precisamente de dinero, sus caras denotan obligación, rutina y muy adentro de los ojos una insatisfacción sexual que da una remarcada cara de lujuria en sus facciones.
No será difícil conseguir billetes si practico en ellos mis fascinantes dotes con mi lengua, salidos de previa experiencia en la secundaria.
                Ahí va mi primer cliente, vamos Paula sólo es sexo oral, inténtalo. Bueno otra oportunidad más, ese hombre era muy gordo. Ahí va, éste sí tiene dinero anda.
–          Hola señor,  ¿Qué tal su viaje?
–          ¡Hola preciosa!, que lindos ojos tienes. El viaje fue algo agitado las aeromozas de ahora no son tan bellas como tú. ¿Qué haces aquí tan sola? Y, ¿Qué edad tienes?
–          Tengo, tengo 19 años  señor y voy a Dublín, pero necesito 3000 pesos para completar el precio del  boleto.
–          Hay linda te hace falta bastante, yo no traigo sino te ayudaría con  mucho gusto.  Que tengas mucha suerte, nos vemos.
 
        Vamos Paula no lo dejes ir, sólo serán unos minutos o es que prefieres regresar a casa. A las infinitas peleas con tu madre, sabes bien que eso no es lo que quieres, debes conseguir el dinero a como de lugar.
 
–          Señor, Señor, amm… Perdón pero tal vez no tiene que prestármelo, puedo pagarle de alguna forma.
–          Y de qué forma piensas pagármelos, ¿trabajas acaso?
–          Podría serle de ayuda, se ve estresado y agitado de su viaje  vi un cuarto  de intendencia vacío en la esquina, quizás podremos arreglarnos mejor allí.
 
        Muy bien Paula pasaste la primer prueba de valentía, ahora sí tienes los pantalones bien puestos para largarte de aquí, qué niña ni que nada, tu madre no tenía razón al regañarte, eran puras mentiras para someterte a su autoridad. Ahora sólo te faltan 2000 pesos, con dos más de estos clientes y te escabulles  de México para siempre -dentro de mí hay una lucha titánica  entre la Paula que quiere volver a casa y la que me orilla a largarme de aquí- es muy doloroso saber que ya no tengo un fin, me he convertido en una puta, una puta triste.
           Aquel  hombre tenía mal olor en sus genitales, no sé si era el sudor del viaje o el cuero de los asientos, pero sus partes olían a mierda, soportar aquella fetidez era un acto canónico digno de un santo por el mérito. 
                ¡Hey!, ahí vienen una pareja de cotidianos, será más fácil conseguir los billetes si trabajo un servicio 2X1. Sécate las lagrimas no quieres que te vean como un payaso triste de crucero, anda suénate esos mocos y vamos por los restos del botín.
 
– Sí, es totalmente seguro, vengan por acá, hay un cuarto vacío a lado del baño
– no se preocupen, lo hago para comprar mi boleto, no me dedico a estas cosas.
– Serán dos mil por ambos, sí, no se preocupen no tengo ninguna clase de         infección.
 
                Sí Paula vas bien, muy bien, olvídate de esas horribles  panzas peludas, límpiate el sudor y las lagrimas de tu rostro, se que duele pero imagina que cuando esto termine todo va a estar mejor, serás libre por fin, tú, tú y nadie más. Hey, hey quedamos que sólo iba a ser sexo oral, no, no, no me toques viejo asqueroso déjenme par de viejos depravados. Suéltenme, ¡ayuda!, ¡ayuda!  Por favor se los suplico, Suéltenme ¡ayuda!
                Cierras tus ojos por el dolor del golpe en la cara, tus piernas se hacen frágiles del forcejeo continuo, intentas no gritar más, tu miedo te consume. Sabes que a pesar de todo desafiaste el destino, cambiaste tu rumbo, hiciste tu cambio de piel y eso te da algo de esperanzas. Quedas derrumbada sobre el  piso por el zangoloteo, lo sientes  húmedo y con un olor a secreciones banales. Por fin entraste a terrenos oníricos, sabes que ahí eres inmune de todo, existe un escudo protector, tu único enemigo eres tú misma (foe-me).
–          Hey, despierta, ¿Cómo te encuentras?, ¿te sientes mejor?
–          ¡Auch! Me duele la cabeza, ¿Qué pasó?
–          Te atacaron dos viejos pendejos. Pasaba por el baño y oí tus gritos, corrí a la puerta y esos gordos al verme recogieron sus pantalones y echaron a correr en calzoncillos, pero descuida ya están buscándolos, mejor descansa.
–          ¿Cómo te llamas?
–          ¿Yo?, Paula.
–          Hola Paula,  me llamo Esteban. Ven te invito a cenar a mi departamento, te ves muy decaída y pálida, anda no tienes nada que temer.
 
Casi lo lograbas, estuviste muy cerca de conseguir el resto del dinero. Esteban parece ser un chico muy amable, por el aspecto de su departamento, sus libros y su maquina de escribir podría decir que es un escritor, poeta o aspirante a alguno de estos puestos artísticos.
 
–          Esteban a qué te dedicas.
–          Soy periodista, reportero de nota informativa, tú sabes buscando el hueso,  a mí me toca cubrir todo lo que tiene que ver  con las relaciones exteriores que tiene México con otros países. De hecho hoy estaba en el aeropuerto para cubrir la llegada del embajador de Suiza, cuando escuché los gritos y corrí al cuarto.
–          ¡Oh! Yo pensé que eras escritor o algo por el estilo, tienes finta de intelectualoide.
–          Ja ja, por el momento soy reportero para poder vivir de algo, pero ya tengo algunos cuentos y poemas en el baúl, y estoy por preparar lo que será mi primera novela. Tal vez  con el tiempo pueda llegar a ser escritor.
–          Y qué hacías en el aeropuerto, ahora sabes que estar sola es muy peligroso hasta en el aeropuerto, ¿Pensabas viajar? Tu maleta se ve bastante llena.
–          Escape, me emancipe de la tiranía paternal, lo único que saque de casa es esa vieja maleta, pensaba ir a Dublín y necesitaba dinero para el boleto así que tuve que hacer algunas cosas para conseguirlo.
–          Y te arrojaste a los lobos así nomás. Paula eso es muy peligroso, ya viste lo que puede pasar, por ahora come algo te ayudará bastante a poner en tono tu piel, quedaste muy pálida. Puedes dormir aquí esta noche, mañana por la mañana veremos que hacer contigo, por cierto que edad tienes.
–          17, perdón 19 y tú.
–          31 años.
Esteban comenzó a redactar su artículo para el periódico, dubitativo volteaba periódicamente para observar la figura de Paula recostada sobre la cama, a pesar de lo sucedido le parecía una adolescente muy atractiva. Impaciente comenzó a caminar de un lado a otro del escritorio, la presencia de una fémina en su hogar lo impacientaba y de alguna forma no le permitía seguir con su trabajo. Sus pasos comenzaron a convertirse en miradas lascivas hacía la cama, su respiración se volvió agitada, el paño comenzó a inundarse de diminutas gotas de sudor que caían alrededor de su camisa. Deseoso de tener una mejor vista, caminó a un lado de la cama para mirar con detenimiento la piel tan blanca que lograba verse debajo del oscuro  camisón. Sus impulsos y espasmos del cuello se hacían más presentes conforme se acercaba a la chica. Con extrema lentitud acaricio las piernas blancas como la leche, por dentro intentaba controlar su libido, sentía todo su cuerpo hervir, la sangre alcanzaba todas sus extremidades.
Sin recordar el suceso de la tarde se arrojo sobre ella para tomarla, hacerla suya, sentir ese ego dominante que había perdido con el tiempo, saber que tenía entre sus manos el alma de un espíritu adolescente.
                Esteban volvió  abrir los ojos, miró el desorden de la cama y se espanto al ver sangre en las sábanas y el camisón desgarrado a un lado de la litera. De inmediato cerró sus parpados, deseoso de que todo fuera un sueño, comenzaron a salir gota tras gota sobre sus mejillas, avanzando por toda su cara hasta llegar a sus labios, le sabían a sal, lagrimas de sal,  un sabor asqueroso aquejaba su gusto. Corrió al baño a lavarse la cara e intentar refrescar su memoria. Miró el espejo, y vio en su cara una mirada perdida, sus brazos estaban llenos de rasguños, uñas enterradas y sangre coagulada, recordó la forma en que lo había hecho. De  pensarlo siquiera le causó asco demente, no podía quitar de su cabeza ese momento en que la corrió después de violarla, a pesar de todo lo había gozado.     
                Restaurado después del largo estado anacoreta, se sentó y miró con detenimiento su cuarto, notó que  había algo que no pertenecía a él, era aquella maleta café que la niña cuidaba con todo su ser. Indeciso tomó la maleta por la agarradera de piel, abrió cada uno de los broches y comenzó a investigar todo los que la maleta contenía: ropa, cosméticos y papeles, pero lo que más llamó su atención fueron las dos fotos que traía en la maleta y un  pequeño diario. Las fotografías por lo que podía deducir eran de su familia en ellas aparecía Paula abrazando a una pareja y juntos armonizaban la foto con una bella sonrisa. Dubitativo entre abrir o no el diario, decidió hojearlo para saciar su morbo. Comenzó a llorar con infinita tristeza, gritó tanto que su garganta quedó afónica, se desquebrajaban sus manos no podía dejar de sentir la vergüenza de lo sucedido, sus piernas se fueron haciendo cada vez más débiles, de pronto su cabeza cayo al piso entrando en un estado inconsciente, había decidido caer al ver un fragmento del diario de Paula:
 
Esteban parece ser buena persona, me salvo de los malditos depravados del aeropuerto, y me dio chance de quedarme a dormir en su departamento esta noche. Mañana por la mañana pienso volver a casa, él me ha hecho abrir los ojos y recapacitar mi estupidez, a pesar de todo mis padres me aman con altibajos y todo pero me aman. Prometo recompensar algún día a Esteban. Por hoy puedo decir que cambié de piel muchas veces pero jamás olvidaré las escamas que cayeron tan distantes de mi verdadero yo.
 
*El autor es estudiante del tercer semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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