INTERLUDIO. De la misma manera

Mariana León Medina
Para llevar a cabo un análisis político es necesario tener toda la información posible acerca del tema, conocimiento de la forma en que los actores políticos se mueven tomando en cuenta aspectos geopolíticos nacionales e internacionales. Tarea nada sencilla. La mayoría de los columnistas de renombre, aquellos que han sido legitimados por las instituciones establecidas (medios de comunicación) se han dedicado durante las últimas semanas a atisbar, en términos sencillos, la forma en que las cosas fluirán durante el próximo año. En la agenda de los medios imperan tres temas: el jet que se llevó a Mouriño, la elección del presidente negro y la crisis económica. El tratamiento comunicacional que se le ha dado a cada uno de los temas, bien vale un revisión que ―cómo se puede esperar de un espacio como éste― no será exhaustiva, sino más bien concisa y sumamente necesaria. Al parecer, por supuesto, de esta columna.
El avionazo de Juan Camilo Mouriño tomó a los medios por sorpresa, quienes se encontraban listos para recibir la nota de la elección de Obama y tuvieron que mover lo que les quedaba para cubrir los restos de la tragedia. El lenguaje no pude ser más claro, Mouriño pasó de seudo político-empresario de dudosa reputación a joven promesa presa de la tragedia. La memoria histórica enterrada junto a las cenizas de aquellos que no la libraron. Ironía digna de Sófocles o complot premeditado, habrá que esperar a que las aguas se calmen. Cada uno tiene sus teorías. Al parecer la presidencia todavía no ha tomado el avionazo como eje conductor de alguna otra política de radicalización de la fuerza, pero habrá que esperar.
La economía ahora atrae a nuevos públicos. Terminología como bono, valor, inversión, inflación se convierten en parte del habla popular; la claridad con la que se comprendan será tema de otra discusión. Mientras, vemos los primeros embates de la crisis que se plasman en pérdida de empleos, en su primera etapa. Parece que el presidente del empleo necesitará tomar medidas emergentes más eficaces, pues sus promesas de campaña se desploman más rápido que los precios del petróleo. Por lo pronto, los analistas económicos abarrotan sus conferencias y parece que cada vez más personas empiezan a tener miedo. A pesar de los lastimeros intentos de cierta televisora por preguntarnos ―de manera por demás cínica― “¿miedo a qué?”.
La elección de Obama marcó, como algunos analistas del diario londinense The Guardian refieren, un cambio moral más que ideológico en los Estados Unidos. Barack Obama puede parecer la respuesta a la tierra prometida, pero lo cierto es que a pesar de los compromisos que adquirió con los sindicatos y otros grupos menos privilegiados de nuestro vecino del norte, los resultados tendrán que esperar. Mientras, el New York Times advierte que Bush aún no se ha ido y que puede hacer mucho daño, en materia de ecología, derechos humanos, y por supuesto, de seguridad nacional. Una vez más el héroe se convierte en villano, pues parece que el diario neoyorkino ha olvidado que una de sus reporteras, Judith Miller, fue el principal sustento para la invasión a Irak.
Detour
Marcelo Ebrard se encuentra de gira en el estado de Nueva York dado conferencias magistrales en la universidad de Colombia. No pierde el tiempo, pues ha afirmado que con Barack Obama al frente de la administración de los Estados Unidos se pueden llegar a acuerdos más sólidos. Ebrard ha logrado situarse dentro de los medios con una imagen positiva, pues tampoco dudó en ir a los honores del fallecido en el Campo Marte. Pero por otro lado se encuentra sólo;  con Jesús Ortega al frente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) Marcelo se ha quedo sin apoyo. Un jefe de gobierno sin partido, afirman algunos. Con las decisiones acerca de la ruptura del Frente Amplío Progresista (FAP) con el PRD todavía en veremos-qué-pasa, las posibilidades del jefe de gobierno para poder candidatearse en el 2012 se muestran lejanas. Pero para eso falta mucho, pues al final ¿quién hubiera apostado hace cuatro años por Felipe Calderón? Las sorpresas faltan por llegar.

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