CURADO DE PICOTA

 Que no sea un engaño más. Nuevos medios y nuevas vías.

 

Miguel Ángel López Flores

 

 

Curado… sí, “curemos nuestros males”, nos han dicho. Parece ser que la libertad de expresión mexicana, a   través de la creación de más medios de comunicación –inevitable discurso oficial-, es cada vez más sólida y con más oportunidades: en el 2007 nació, con los retazos de un canal minúsculo, la “tercer  alternativa televisiva”; además, ya existían, pero, se confirmaron las radiodifusoras con cámaras de televisión integradas; y en este año, se apuntalan dos grandes proyectos que, en cierta forma, nacen para quedarse. Nacidos, nos dicen, de la sociedad mexicana, cosa que estrictamente es cierto.

 

Me refiero a “CNN a la mexicana”… fe de erratas… Milenio televisión se presenta como un gran logro del grupo, regiomontano por cierto, Multimedios y de Grupo Editorial Milenio, 24 horas de noticias e información por cable e Internet, nos presumen. Bien por ellos y, por los que tienen con qué verlos. Aunque, hablando de televisión de paga (que es muy diferente a decir: “televisión pagada”, no piensen mal) y de la carencia que muchos tenemos de ella, Telmex televisión, casualmente, entra al mercado mexicano haciendo uso de toda la red telefónica que maneja la empresa de Carlos Slim para llevar, a partir de 2009, señal digital de televisión a los hogares mexicanos a bajo costo (cabe mencionar que ya regalan el modem última generación que se necesitará para acceder a dicho servicio). ¡Aguas!, se masificará la televisión privada de forma descomunal, suena lo natural.

 

Coincidencias o no, ¿la sociedad mexicana está preparada a estos cambios y la intromisión a sus casas de tantos canales “nuevos”? me parece que sí. Esto muestra una verdadera voltereta por lo abierto y plural, por hacerle caso a las necesidades que la sociedad tiene y que, por supuesto, los gobiernos saben y manejan muy bien… muy bien para ellos, sino, les  iría peor. Sí, los medios y el gobierno para y por la sociedad, aunque parezca lo contrario.

 

La televisión mexicana… más bien, los hombres y mujeres que hacen la televisión mexicana, siempre han dado de qué hablar. Desde sus inicios, este medio de comunicación, ha pasado por muchas etapas que, en cierta forma, son expresión de las sociedades en las cuales tiene que sobrevivir; sí, en las que se tienen que adecuar para evitar su caducidad como medio de comunicación líder y, por lógica, como fuente indiscutible de recursos económicos.

 

            Existen escuelas de comunicación -tanto teóricas como reales-, pesimistas y tecnificadas, donde esgrimen, con una apoteosis extrema,  la frase: “tenemos la televisión –los medios- que merecemos”; frase que invita a  una escasa reflexión sobre el fenómeno mediático y, lo que es peor, a reproducir lo que ya se tiene, negando que son las personas las que en verdad exigen contenidos y realidades en sus medios de comunicación (como pasa también con la publicidad, los espectáculos teatrales, el cine, etcétera); además, tampoco se deben negar los intereses económicos, políticos y culturales que provocan las evoluciones en los medios de comunicación.

 

            México, caso sui generis de este fenómeno. En sus inicios, por ahí de los años 50 del siglo pasado, la televisión mexicana nace, de la mano de Miguel Alemán y de Emilio Azcárraga Vidaurreta, como un medio de comunicación meramente comercial, atascado de programas publicitarios auspiciados por grandes empresas hogareñas y de alimentos. El país se encontraba inmerso en una naciente economía; los mercados optaron por agilizar el mercado a través de la publicidad y, por su lado, la sociedad busca tener el nivel de vida que la modernización había prometido y, que en estos programas encontraba. Así también, las clases medias protagonizaron esta etapa, sin ser una casualidad.

           

            ¿Cómo olvidar la sumisión de Televisa ante el presidencialismo priista?; México 1968, la Guerra sucia, las crisis económicas con López Portillo y Miguel de la Madrid, el terremoto de 1985, el “chupacabras”, el FOBAPROA capítulos épicos dentro del que, para entonces, no se conocía como “horario AAA”. Información amañada, descontextualizada y descaradamente oficialista, sus cualidades. La televisión, al servicio del gobierno; y sí, así funcionaba muy bien.

 

Y, a la par de esto, a través de la pantalla casera, se formó una cultura mexicana estándar. La familia como institución base de la sociedad, como la solución al desorden de la revolución y la migración a las grandes urbes; los programas En familia con Chabelo y Siempre en domingo, piezas clave. El nuevo milenio entró y Big Brother, al igual que la descomunal mafia de reality shows, partieron la familia y el individualismo se asomó, lo que preparó, parcialmente, un clima a doc  para el 2006. Pero sí,  ambos patrones respondiendo a sociedades diferentes, con distintas patologías, diría Erich Fromm. Y es normal que sus medios evolucionen.

 

El Internet mexicano lleva más una década de existir. Los medios de comunicación, como en el que escribo el presente, se han dado cuenta que la competencia por la audiencia ya se encuentra en esta arena. Pero todo, en el marco de la pluralidad y en un mercado más amplio. Además, y parece ser lo más afortunado, se admite una conciencia crítica en las personas, que pueden apagar el televisor y salir a buscar la información en otras partes.  

 

Niños nacidos en esta época jamás podrán concebir a la televisión como lo fue antes. Poco atractiva les será, de ahí, también, este abanico. Simplemente los empresarios, el gobierno y la gente de medios han torcido el brazo ante la gran sociedad cambiante. Y sí, siempre ha sido igual.

 

¡Salud! por los nuevos medios. Espero que no se caiga en lo mismo, en que duerman a la sociedad en el discurso y preparen la cama para tener un espectro televisivo uniforme… diverso, pero uniforme, en espera de un nuevo cambio.

 

::: Jaculatoria:::

 

·        ¿El gobierno de Calderón será tan opaco que metió al Canciller cubano, Felipe Pérez Roque, primero a Televisa que a los Pinos? O, ¿será que este político cubano quiere hacer cola  para la silla  presidencial en la Isla? ¡Uyyyy!, duelen y excitan  las dos hipótesis.

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