Crisis cíclicas, ganancia de pescadores

Pedro Jaimes Villarreal

 

Crisis de los energéticos, crisis alimentaria, crisis financiera global, ¿será esta la última crisis del 2008? Mientras las bolsas de valores de todo el mundo dan la primera vuelta en el carro de la especulación de la montaña rusa de las finanzas globales, la incertidumbre iza su bandera en el bolsillo de los hogares de casi todo el orbe. El frío invierno que se avecina será el más duro en muchos años, por varios motivos.

El mundo de la especulación financiera vibra en estos momentos, por que en su lenguaje han aprendido que la palabra crisis realmente significa ‘oportunidad’, algo difícil de entender para los hogares de los sectores medios y populares de la sociedad. ¿Es mala la crisis? Evidentemente no para todos. Para los ingenieros de la economía global, esta crisis es solo un momento del ciclo económico y seguramente ya saben qué hacer y donde mover sus capitales una vez superada esta etapa. Sería muy inocente darles el beneficio de la duda a estas alturas. Por el otro lado, no nos levantamos aún de la crisis alimentaria cuando ya estamos entrando a otro tipo de crisis y de duración más prolongada.

¿Qué beneficios surgen de estos momentos de incertidumbre? Sin lugar a dudas, cuando esta bandera ondea, el sentimiento mas añorado es la seguridad. Las sociedades guardan sus proyectos para “ocasiones más propicias”; y se refugian en su instinto conservador. Siempre que hay crisis, del tipo y magnitud que sea, el conservadurismo asume su papel y despliega su programa con más fuerza.

Las religiones se frotan las manos al ampliar su público, al igual que los partidos políticos de centro-derecha incrementan la militancia, los medios de comunicación de masas se vuelven los voceros del mensaje milenarista en sus noticieros triple ‘A’ mientras alientan el consumo efímero de todas las cosas que motiven sentimientos de seguridad, confianza y estabilidad, al igual que las librerías incrementan las ventas de libros de auto-superación. La gente refuerza la cotidianeidad de sus hábitos, sobre todo los que no pongan en entredicho el poco o mucho status quo alcanzado.

En un mundo donde la seguridad es cada vez más valorada, los motivos para dar un paso adelante o disentir parecen poco convenientes; sin embargo, en la mediocridad de esa conveniencia las condiciones de posibilidad para cambios radicales encuentran su más fuerte impulso.

En este clima, ¿usted se atrevería a votar por un candidato o un partido político ‘alterno’? es más ¿se atrevería usted a probar algo diferente? La posible respuesta a esta ociosa pregunta podría causar más frío.

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