Nuevo, ¿(des)informe presidencial?

                                                                                         Eduardo Rodríguez Soto

 

 

 

Por primera vez en 91 años, el presidente de la República no asistió el 1 de septiembre a la Cámara Baja a presentar su informe del “estado general que guarda la administración pública del país”, como lo estipula el artículo 69 constitucional, vigente desde 1917.

 

            Los unos de septiembre quedarán en la historia porque en julio pasado, con 107 votos a favor y tres abstenciones, el Senado de la República reformó los artículos 69 y 93 constitucionales, con lo que se imprime una nueva dinámica entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Se elimina lo que se consideraba ya obsoleto: que el presidente asistiera en tal fecha y presentara su informe ante el Congreso en la apertura de las sesiones ordinarias del primer periodo.

 

            Además, se estableció una nueva modalidad llamada “pregunta legislativa” en la que si los senadores y diputados tienen duda de alguna cuestión en relación al informe del primer mandatario o de algún secretario de Estado, pueden realizar sus preguntas por escrito. Si los funcionarios mienten en sus contestaciones podrán ser sancionados, según lo marque la ley.

 

            El segundo informe de Felipe Calderón fue entregado la mañana del pasado 1 de septiembre por el subsecretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño en el Salón de Protocolo de la Cámara de Diputados. El presidente permaneció en Los Pinos concediendo entrevistas a los principales medios de comunicación y también grabando spots, lo que promete ser, para los ciudadanos, el nuevo formato del informe.

 

El fin de un rito

 

 El 1 de septiembre de 2005, en su quinto informe de gobierno, el guanajuatense Vicente Fox terminó el rito en el que el primer mandatario llegaba a San Lázaro y, mediante un churrigueresco discurso abucheado y aplaudido, leía los principales logros de su administración. Sólo se limitó entonces a dar un mensaje a la nación y entregó por escrito su informe presidencial. Se acabó en aquel año, infirieron los analistas, “la fiesta del presidente.”

 

Los elogios no se hicieron esperar. Se vislumbraba un nuevo formato que permitiera un debate entre las distintas fuerzas políticas en el Congreso. Sin embargo, nada se legisló al respecto y en su sexto y último informe de gobierno, el ex refresquero nada más pudo arribar a la entrada del recinto legislativo y ahí entregó su informe. Entre tanto, la tribuna permaneció ocupada por los partidos que conformaban la Coalición por el Bien de Todos, en protesta de lo que llamaron: “fraude electoral” de 2006.

 

            El cambio del formato para presentar el informe de gobierno federal tiene que ver también con el desgaste de la figura presidencial. En el pasado “los maestros exigían a los alumnos escribir con mayúsculas el Señor Presidente” y ahora lo podemos mencionar sólo por su nombre. Exageradas eran las parafernalias de antaño cuando se le enunciaba: “El Señor Presidente de la República, Licenciado…”

 

“El presidente omnipotente y todo poderoso dejó de existir. Que el poder no esté concentrado es la principal herencia de Vicente Fox y el drama de Felipe Calderón; también es el origen de la fortaleza de los monopolios económicos y del sindicato encabezado por Elba Esther Gordillo…” (Sergio Aguayo. Reforma. Miércoles 23 mayo de 2007.) Un reacomodo entre las fuerzas políticas se está dando desde que llegó “el cambió” al país: los poderes fácticos presionan, chantajean y pasamos del espectáculo del informe para la ciudadanía, a una andanada de alentadores spots.  

 

            El formato anterior consistía en que antes de que llegara el presidente a San Lázaro, los partidos políticos exponían, en cinco minutos, su punto de vista de la situación del país. El presidente, en esos momentos, apenas se acomodaba la “banda presidencial” en Palacio Nacional para salir rumbo a la Cámara Baja. Se trataba, más bien, de una tradición sinrazón. Los partidos opinaban sin conocer a detalle los avances de la administración y el presidente ni los escuchaba. Luego de emitido el informe ante el Congreso, algún legislador hacía réplica. “Y tan tan.” Cero retroalimentación política que propiciara un debate de calidad.

 

Ahora, en lugar de que Felipe Calderón salude a su H. Congreso de la Unión, connota el monero Camacho, tiene que decir: “Honorable Cámara… de Televisión” (Reforma, jueves 28 de agosto de 2008.) El nuevo Cofipe prohíbe la publicidad de la imagen de los funcionarios, excepto cuando se trata de su informe. Pueden anunciarse en los medios quince días antes y quince días después, en tiempos oficiales del Estado.

 

            Con lo anterior, una nueva dinámica tendrá lugar pero por su naturaleza habría que ver si “la visión oficial [que] aplastaba al país real”, quedará sepultada al tener la posibilidad nuestros “representantes” de cuestionar, o bien, los datos duros que dan cuenta de los avances del país serán maquillados por frases entusiastas transmitidas en spots de radio y televisión,  en medio, claro, de un mar de violencia y ejecuciones y de un desajuste significativo en la economía nacional que hoy día matizan el camino de México.

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