Granados Chapa

                                                                                                                                            Beatriz A. García

 

  

“Los grandes espíritus siempre encontraron

la violenta oposición de las mentes mediocres”.

Albert Einstein

 

Hablar de Miguel Ángel Granados Chapa, hoy en día, significa hablar de un hombre que ha dedicado su vida y obra al periodismo. El maestro Miguel Ángel es considerado por sus colegas, intelectuales, académicos y políticos como el mejor periodista de nuestro país en la actualidad, e incluso le llaman “fabricante de ciudadanos.”     

            Miguel Ángel Granados Chapa, comienza su ejercicio periodístico a los 22 años de edad como reportero del semanario Crucero. Es en el año de 1977, en el periódico Cine Mundial, que surge su memorable Plaza Pública, una de las columnas más antiguas que aún se publica seis días a la semana en el diario Reforma, y en otros de distribución nacional.         

         Su trayectoria en medios impresos es extensa. Coordinó la sección de opinión del periódico Excélsior; fue fundador de la revista Proceso –en la que actualmente colabora con su columna Interés Público-, y del periódico La Jornada; fue colaborador del periódico Uno más Uno y El Financiero. En medios electrónicos, se puede mencionar su paso por Canal 11 –como jefe de noticiarios-, por Radio Educación y Radio UNAM, en esta última tiene un espacio radiofónico denominado, igual que su columna, Plaza Pública. 

            A través de los años, con su ejercicio periodístico, Granados Chapa ha dado paso a la formación de opiniones y a la decantación de información. Su transitar por diversos medios y la manera en que se ha desenvuelto con absoluta ética periodística, lo han hecho merecedor del Premio Nacional de Periodismo, del Premio Estatal Manuel Buendía y el 28 de febrero de este año, fue nombrado miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.  

            Granados Chapa no sólo ha escrito para revistas o periódicos, también ha escrito libros y en últimas fechas colaboró como prologuista de “La Sosa Nostra. Porrismo y gobierno coludidos en Hidalgo”, libro escrito por Alfredo Rivera, lo cual despertó la incomodidad del diputado priista Gerardo Sosa Castelán, quien el 6 de agosto de 2004 interpuso una demanda en contra de ambos periodistas, argumentando daño moral.

            La molestia del actual diputado, no unicamente alcanzó a ambos periodistas: su inquietud ante tal libro y la información que éste contiene, provocó que también denunciara a quien diseño la portada, a la editorial Miguel Ángel Porrua, al encargado de la tipografía y al fotógrafo artífice de la foto en portada.

            Gerardo Sosa Castelán, por su parte, es un político hidalguense, conocido por sus cuestionables manejos cuando estuvo al frente de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. En 1977 fue presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo que ha sido considerada semillero de “porros”, un grupo de presión a partir del cual el legislador fue tejiendo lazos de poder. Fue más tarde rector de la UAEH, dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional y diputado federal. Es bien sabido que Sosa Castelán ha sido la cabeza del “Grupo Universidad”, un grupo a través del cual ha ejercido su poder en la Universidad Autónoma del Estado, para beneficio propio, valiéndose de la influencia y de sus redes para recurrir a actividades como el acarreo, la intimidación y la formación de su plataforma política, pues se sabe, las mayores aspiraciones del señor Sosa, se inclinan a la gobernatura de Hidalgo.

            Juan Veledíaz en un artículo de su autoría, nos recuerda como Alfredo Rivera Flores, el autor de La Sosa Nostra, describe al legislador priísta en el interior de las páginas de su obra de la siguiente manera: “líder por la fuerza de su carácter y la certeza de sus puños, hábil para crear alianzas, bronco comandante de sus subordinados, enemigo temible, se hizo dirigente estudiantil y desde el cargo inventó una nueva Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH). Utilizó a los estudiantes, protegió a los vándalos, amedrentó a los profesores, propició enfrentamientos y terror, cimentó su fuero sobre la fuerza de los golpes y de las armas. Todo con un fin: tener el poder”.

            Elementos como el anterior, fueron –seguro- motivo para mermar en el ánimo del político y “porro” -como es conocido en su Estado-, lo que lo llevó a interponer una denuncia a todo aquel que tuviera que ver con la publicación del libro, para resarcir el daño moral del que se dice víctima.

            Tal proceso fue turnado al juez vigésimo en materia civil del Distrito Federal, Miguel Ángel Robles Villegas. El inconveniente es que luego de cuatro años, el proceso civil, –que fue la vía que eligió Castelán y su equipo de abogados, 12 para ser exactos- aún se encuentra en su etapa probatoria, cuando un proceso de esta naturaleza tiene una duración de alrededor de 8 meses, extendiéndolo demasiado, dos años. Es decir que el artículo 17, aquel que establece “toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial”, no está siendo cumplido.  

            Cabe mencionar, que el supuesto daño moral no ha sido acreditado hasta el momento, además de que la obra de Alfredo Rivera, no representa más que un recuento hemerográfico de la historia de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, en donde se destaca el papel que ha tenido La Sosa Nostra de manera activa, pero ni el autor ni el prologuista caen en injurias ni en mentiras y la publicación de la obra tiene su justificación, según Perla Gómez, abogada de los demandados, en que se trata de figuras públicas y la información, por tanto, es de interés público. En esta batalla emprendida en contra de los escritores y periodistas, Sosa Castelán y su equipo jurídico se han dado a la tarea de retrasar el proceso, y el diputado el lujo de no asistir (ni una sola ocasión al juzgado.

        

    Lo anterior ha sido motivo de indignación, no sólo para los demandados, sino para periodistas, reporteros, académicos, intelectuales que no dan crédito al proceso dilatorio al que han sometido tanto a Granados como a Alfredo Rivera, quienes han sido sujetos a un peritaje sicológico que según especialistas, no tiene relevancia en procesos de esta especie, peor aún, han utilizado los datos personales y privados extraídos del peritaje hecho por la sicóloga Galicia García para agregarlos al expediente, cuando estas practicas no tienen lugar.

            Pericias como las mencionadas, no han sido suficientes. Los abogados de Sosa Castelán, en ánimo de alargar el proceso han acusado a la abogada Perla Gómez incluso de falsificar su propia firma, lo cual no puede más que calificarse de extremista.

Ante tales acciones, un grupo de 48 asociaciones y 107 personas destacadas del periodismo y ciudadanía dirigieron una carta al Juez Miguel Ángel Robles Villegas, quien ha permitido que el juicio se alargue tantos años aceptando pruebas sin sentido, en donde se denuncia la pasividad con la que ha actuado el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.  

Otra forma de solidarizarse con los demandados tuvo lugar el pasado 18 de agosto en el Juzgado 29 de lo Civil, en donde se registró la presencia de amigos y colegas tanto de Miguel Ángel Granados Chapa como de Alfredo Rivera: Carmen Aristegui, José Gutiérrez Vivó, Rafael Rodríguez, Carlos Monsiváis, Luis Javier Solana, entre otros, se dieron cita para atestiguar la comparecencia de los involucrados. Tal asistencia provocó que Rosalía Verónica Castro Habeica, abogada de Sosa Castelán se quejara por el supuesto escándalo que los acusados intentaba provocar. Al finalizar la audiencia, Édgar Elías Azar, presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal comentó que se revisaría el expediente del caso para determinar si existe alguna dilación deliberada o no.  

            Imposible resulta creer que un periodista de la talla de Granados Chapa sea acosado de tal manera, en afán de coartar su libertad de expresión junto con la de Alfredo Rivera. Es tiempo de preguntarse qué pueden esperar periodistas que no tienen la misma proyección y que pasan por procesos similares, en donde agotan sus recursos económicos para salir librados de acusaciones tales. Lo anterior, en el caso deL maestro Miguel Ángel no ha sucedido, pues Perla Gómez Gallardo, del grupo Libertad de Información México A.C., los ha defendido sin cobrar ni un peso. Sin embargo, el proceso ha llegado a tiempos insospechados, lo que ha llevado a pensar en una posible colusión de autoridades. 

          

  Ahora bien, hechos como el descrito en este espacio, no evitarán que el autor de Plaza Pública siga siendo considerado el gran periodista, el maestro, comprometido con la verdad y con la palabra, aquel que el 4 de septiembre fue homenajeado por la Asociación Mexicana del Derecho a la Información en la Sala Julio Bracho de la UNAM, por ser un hombre comprometido con la Libertad de Expresión y el Derecho a la Información, tampoco le quitará la presea “Pedro María Anaya” 2008 que le fue otorgada el pasado 11 de septiembre y que es considerada la máxima distinción que concede el Congreso Local Hidalguense.

     

       Esta misma semana comenzará en la Facultad de Ciencias Políticas un homenaje a Granados Chapa, luego de sus 45 años de ejercicio periodístico, en donde se hablará de las aportaciones que éste ha hecho al periodismo, de las generaciones de periodistas que formó en su paso como profesor en dicha Facultad y de su ejercicio cívico en la vida pública del país. 

            Además, ha sido considerado para que le sea entregado el mayor reconocimiento que año con año el Senado de la República otorga a “los hombres y mujeres que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad”, la medalla Belisario Domínguez, para la cual también ha sido postulado por el semanario Proceso y por otros colegas que en espacios editoriales han pugnado porque le sea entregada dicha presea.  

 

           De esta manera, Miguel Ángel Granados Chapa, recipendiario de las fobias del legislador Gerardo Sosa Castelán, se perfila para ser homenajeado y reconocido como el gran periodista, velador del lenguaje y semillero de palabras que adornan con verdad y lucidez el trabajo que a diario realiza. Ejemplo es este hombre, sin duda, del periodismo comprometido y apegado a la ética, aquella de la que hoy, desafortunadamente, tanto carece el periodismo.

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