CURADO DE PICOTA

Una bandera verde, blanca y roja…muy roja
 
Miguel Ángel López Flores
 
                                             Las campanas se callaron, la música también. Un minuto de silencio… … … … … 
 
Moción de orden. 15 y 16 de septiembre, días de esperanza y alegría, de descanso y de reflexión entorno a nuestra libertad como nación. No, ya no. Y es que, 2008 se ha caracterizado como un año de gran crisis social en México. Misma que se expresa en diferentes formas: la reducción de ingresos y el aumento de egresos a la economía familiar, estatal y empresarial (lo que ha provocado una ola de despidos y, en el mejor de los casos, la falta de plazas vacantes en diversos empleos); la decadencia de la educación en todos sus niveles, incluyendo, ya, a los profesores; y ahora, parece ser que el pueblo ya se enfrenta directamente con el crimen organizado, poniendo en tela de juicio a todas las corporaciones policiales y de orden público a lo largo de la nación; y, para rematar, entre otras cosas, la falta de gobernabilidad en cada estado de la república, agravada con una falta real de operación por parte del ejecutivo federal, lo que acrecienta todo lo anterior.
Durante agosto, los enemigos fueron los secuestradores. Septiembre le dio libre acceso a la élite del crimen organizado ¿acaso lo llamarán así por que alguien o algunos los dejan organizarse?-: a los narcotraficantes. Y así, ocupan hoy día, el honor de ser los enemigos de la nación. Enemigos que, según versiones oficiales, mancharon una festividad en la que por, ya casi un siglo, se enarbolaba a la Libertad como la cualidad por antonomasia de nuestra gran nación. Libertad que, junto con las siete personas asesinadas en Morelia la pasada noche del 15 de septiembre, por el estallido de dos granadas de fragmentación, parece haber desaparecido por un buen tiempo. O por lo menos, nos lo han hecho creer y sentir… y a muchos, vivir.
         Pero, ¿porqué reducir la libertad que por muchos años tuvimos?, ¿porqué no exigir verdaderas soluciones y no solamente “el redoble de esfuerzos”?, y, en todo caso, ¿la sociedad en verdad se debe unir al Gobierno para enfrentar algo que no provocó?. Sí, parece ser que Felipe Calderón Hinojosa, Leonel Godoy y los demás gobernadores, los Partidos políticos, en voz de sus presidentes nacionales y líderes parlamentarios, los empresarios y las televisoras pidieran ayuda y legitimidad a la población para encaminar su trabajo. Peticiones que se basan en el terror y la manipulación y, una vez más, de las víctimas, de los cadáveres hechos show.
         El narcotráfico, si bien es una consecuencia de la sociedad en general (admitiendo que hay un importante mercado nacional e internacional de drogas), es más un cáncer desarrollado por la opacidad, complicidad, ineptitud e irresponsabilidad de los gobiernos en todos sus colores y niveles.
 
1. Opacidad. No hablemos de un gobierno gris, de un presidente con el semblante por los suelos y una ceremonia oficial por el 198 aniversario de la Independencia alejada del jolgorio y algarabía de la gente, más bien, parecía tener la cara de preocupación y un hartazgo de lo que, tal vez, ya le incomoda: los gritos ofensivos del pueblo legítimo. No, no es el tema. La opacidad a la cual me remito es la que en el discurso es manejada por Calderón Hinojosa. “Ayuda”, “apoyo”, “unir esfuerzos”, “se equivocaron si pensaban encontrar a un pueblo de rodillas”, han sido frases esgrimidas por él, mismas que no mueven a la acción, sino a solamente borrar rencillas políticas y cerrar filas ante un enemigo en común: el pasado y la realidad actual de la clase política mexicana: el narcotráfico, que mucho han favorecido para su desarrollo y poder de facto dentro y fuera del sistema político mexicano. Opacidad, pues, al no presentar propuestas, y lo que es peor, amenazar con tanta inocencia.
2. Complicidad. Tema de gran complejidad, pero de fácil comprobación. Los gobiernos y, por consecuencia, las policías mexicanas actúan con modelos de prevención, investigación y procuración de justicia, por lo que se deduce que, en el peor de los casos, por lo menos saben quiénes y en dónde (como se ha demostrado al hacer de conocimiento público a los principales capos de la droga en México por muchos años) encontrar a los delincuentes. Lo que siempre argumentan es que para aprenderlos los necesitan encontrar con “las manos en la maza” o con pruebas muy sólidas. Es decir, la investigación, procuración y prevención no importan. Su papel, el de los legisladores y políticos, debería de ser buscar nuevas alternativas para capturar a los criminales, mientras no sea así, serán cómplices al no mejor el sistema y las instituciones con base en una realidad que ya es mortal.
3. Ineptitud. A pesar de que una de las primeras acciones en materia de seguridad por parte del gobierno calderonista fue la creación y puesta en marcha de la Operación Conjunta Michoacán ( 11 de diciembre de 2006), en donde se involucraron la Secretaria de la Defensa Nacional, la Secretaria de Marina Armanda de México, la Secretaria de Seguridad Pública Federal, la Procuraduría General de la República y la Secretaria de Gobernación (detalles en:  http://www.presidencia.gob.mx/prensa/?contenido=28357 ) y, por supuesto, las instancias locales en la materia. Todo se salió de control, en caso de que en algún momento haya funcionado y no solo haya acorralado a la “bestia” en espera de la mínima distracción para atacar.
¿Parapeto ante una posible amenaza a futuro?, parece que sí. Aunque, por desgracia de muchos no fue suficiente. “La Plaza michoacana”, como así llaman a los puertos y territorio del estado natal del presidente, es más que conocida como un espacio propio de la distribución, elaboración e importación de drogas sintéticas. Una empresa más, dirían unos. Sí, es cierto, pero cuando la vida de la gente es puesta en peligro por un negocio que nada más no se legaliza, es responsabilidad de los gobiernos eliminar las causas del problema o, en todo caso, no aventar más leña al fuego.
4. Irresponsabilidad. Acaso, responda usted, ¿no es irresponsable involucrar a la sociedad en una “guerra”, con todo lo que ello implica para vengar a los suyos? y ¿responder al salvajismo cruento e inhumano del narcotráfico usando como principal arma a quienes, parece ser, ya son el nuevo blanco de agresión no es totalmente irresponsable?
Al mismo tiempo, la clase política parece convencida que, buscando el apoyo de la gente en un tema tan frágil le traerá legitimidad a sus acciones, mismas que van encaminadas, una vez más, al acorralamiento y afectación de los intereses del narcotráfico, en espera de una válvula de escape y amenaza (como lo fue el atentado de la pasada noche del Grito en Morelia). ¿Por qué hacer guerra cuando no existió nunca la política en esos temas? Es más, ¿que razón lleva a crear una guerra de tres bandos cuando en realidad son dos… o será que el tercero es un chivo expiatorio negociado por los dos primeros? Quiero pensar que no. Sería abominable.  
 
Las granadas explotaron en Morelia, pero la pólvora se maquiló en la corrupción; las esquilas quemaron y destrozaron piernas, pero los gobiernos son los que han provocado que el pueblo camine descalzo e indefenso; el fuego y los muertos duelen, los políticos dan pena y el narcotráfico asco y sí, miedo.
 
Terminemos este Curado de Picota. Lancemos una mentada a todos los que obligaron al pueblo mexicano, desde la pasada noche del 15 de Septiembre, a ver su bandera verde, blanca y roja… muy roja. Esta vez no hay brindis, el luto nos llena de rabia. Hasta luego, adiós.
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