CURADO DE PICOTA.

El debate abortado y pena de muerte a la unión social

 

 

Miguel Ángel López Flores

Sección: Opinión

 

 

 

México es una nación de innumerables contrastes, cambios, desencuentros y, sobre todo, incomprensiones. No estaría de más afirmar lo anterior y admitir, en todo caso, que es parte natural de una democracia, de una sociedad cualquiera. Sin embargo, en nuestro país parece ser que las esferas sociales dominantes, las que en teoría están más educadas  y conscientes de la realidad y la importancia que significa el mantener la tranquilidad social, se empeñan en separarla.

 

Agosto de 2008, será recordado por muchos como un mes trágico y, paradójicamente, que marcó un parte aguas en la “vida democrática” de este país. Y es que, el octavo mes de este año no solo trajo consigo unos Juegos Olímpicos de desastre para el deporte azteca, sino que, con dos hechos político-sociales (sí, lamentablemente también lo son, y serán por mucho tiempo, políticos) se establecieron sendas agendas que se llegó al hartazgo de lo mismo y lo mismo en todos los espacios de reflexión, información y discusión: la “civilización” del combate a la delincuencia y la violencia, con todo y sus reclamos y lava manos por parte de la clase política y, hasta en ocasiones mezclándose con el primero, el dictamen de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con respecto a la constitucionalidad de la ley que permite el aborto en el Distrito Federal. La Reforma energética, curiosamente, murió al terminar julio.

 

            Por supuesto, son dos grandes temas que reflejan una realidad inevitable; es verdad, la delincuencia en el país y la ola de violencia son realmente preocupantes y en verdad urge un freno a ello; lamentable, dicho sea de paso, la muerte o el trauma de los que  son –somos- víctimas o protagonistas de esto. Medidas al respecto se han de tomar, políticos y sociedad en un solo camino marchar. A pesar de ello, no ha sido así.

 

Por otro lado, es de admirar y festejar que los derechos de la mujer por fin sean aceptados como un engrane fundamental en la sociedad mexicana y que se defienda la vida en cada una de sus manifestaciones, en fin, la convergencia de ideas y el consenso es parte de la vida en sociedad. Sin embargo, es el debate es lo que menos se ha visto.

 

Una vez más, en el discurso y, lo peor, en los hechos, la sociedad se ha polarizado. La han polarizado, diría yo.  Ambos casos, sirven de ejemplo. 

 

 

1.- La participación política es algo de lo que nos jactamos los mexicanos: marchas, plantones, votaciones, organizaciones civiles, círculos académicos, etcétera, forman parte de la cultura política nacional. Lo grave es que para que este sistema en verdad funcione, debe existir respuesta real de la otra parte. Sí, la clase política no siempre hace caso de las exigencias. En otras palabras, el caso mexicano muestra a la participación como algo vivo, pero que, en los hechos, carece de piernas, de acción.

 

Tras la muerte –lamentable, reitero- de un joven, hijo de muy buena cuna, la participación política, convertida en exigencia, se convirtió en prioridad para una parte de la sociedad, la que siempre permanece dormida, siempre y cuando no vea afectados sus intereses: la pudiente, la que con maestría las agencias de publicidad y mercadotecnia tachan como Clases Económicamente Activas “A” y “B” –los más privilegiados-.

 

Se hizo un llamado, un reclamo basado en un gran sufrimiento: “si no pueden, renuncien”; la clase económicamente estable, la sociedad civil, en general, se enajenaba de las responsabilidades políticas e hicieron, pesare a quien le pesare, añicos a la clase política. Echando la culpa a los demás. Unos, los más radicales, dirían: le exigen cuentas a quienes contrataron –eligieron- para que les permitieran conservar el status quo.

 

            Y, de paso, hacían de la exigencia política un tema de clases, de repetición y reproducción de rituales religiosos (basta ver las imágenes, promocionales y formas de llamada marcha “Iluminemos México” para tacharla como un bodrio de cualquier procesión ferial popular) y un estandarte para las personalidades del espectáculo y circo mediático a nivel nacional (alcanzaba ver noticiarios, programas deportivos y programas como La Oreja y Ventaneando para saber el instructivo de lo que debiera ser la marcha). Sin hablar, de la humillación a otras ONGs, Asociaciones Civiles y movimientos sociales al ver los recursos económicos con los que México unido contra la delincuencia se esgrime para conseguir promoción a sus acciones.  

 

Lo anterior podría darle gusto a muchos: “la sociedad civil se manifiesta”, “México exige seguridad”, “las voces se alzan”, y así, muchas frases se enarbolaron tejiendo un marco de legitimidad al hecho. Pero… ¿acaso se exigieron soluciones a la situación laboral y económica que, en gran parte, generan que el delito sea una fuente real de recursos? o, ¿ acaso, alguien ofreció, dentro de las grandes empresas nacionales plazas laborales a esta gente?, ¿Por lo menos alguien ofreció mejores precios en las cuotas de las costosísimas escuelas y universidades privadas a fin de que algunos abran sus posibilidades al poder estudiar una carrera?; No, es más, se pidió la pena de muerte, sentencias más fuertes… sanciones y no soluciones.

 

Sí, la clase pudiente, volvió a ignorar su culpa en los problemas sociales. La mal distribución de la riqueza, el menosprecio a los que “huelen feo”, al enemigo, al que no les pertenece; quienes no tienen el poder de conseguir una comparecencia en la Residencia Oficial de los Pinos, y que, a final de cuentas, también valen, se ubican en un escalón más abajo o, en todo caso, ahora deben de concebir como sus líderes civiles a empresarios, patiños y lectores de noticias.

 

 

2.- Y así, en el mismo sentido, la Iglesia Católica Mexicana,  (basándose en los postulados vaticanos más conservadores) a lo largo de la segunda quincena de agosto, comenzó,  una vez más,  una división dentro de la sociedad mexicana con respecto al aborto. Por lo menos, es el credo que más ha peleado este tema y que, claro está, subió a la arena pública con sus dichos, hechos y actores.

            Resulta que, tras la declaración formal por parte de la Suprema Corte de Justicia de la nación a favor de la constitucionalidad de la Ley que permite el aborto en el Distrito Federal antes de las doce semanas de gestación, el Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, confió a su grey el futuro de la nación al lamentar que “las autoridades mexicanas decidieran agredir más a la población –toda vez que compara, en otra frase, a esta ley con la violencia criminal en el pais– con la legalización de la violencia institucional” (Semanario Desde la Fe, Número 601, 31 de agosto al 01 de septiembre de 2008). Una vez más, la clase política y los que no comparten sus ideas.

              En este mismo sentido, en la Diocesis de León, se amenaza con la excomunión de facto a toda mujer que, enmarcada en este bastión del conservadurismo radical, practique, aliente, apoye o cometa un aborto. De plano, en tierras guanajutences, solamente aceptan la tortuta y el desprecio a policias voluntariados. 

               Los mesesque le quedan al 2008 serán cruciales para el fururo político… lo siento, para el futuro pastoral de la Iglesia Católica mexicana. La Conferencia del Episcopado Mexicano, de forma express, deberá diseñar una estrategia que frene una posible aprobación de leyes abortivas similares en otras entidades, puesto que al entrar en año electoral, el PRD, Convergencia, el Partido Socialdemócrata e, incluso el PRI, tienen en el aborto un gran nicho de votantes. Sea cual sea la amenaza pontificia. Además, en enero próximo, se llevará a cabo el Encuentro Mundial de las Familias, que, por supuesto, enaltece a la familia en todo su explendor: como la institución bçasica de la iglesia,con todos los hijos que dios pueda conceder (no en balde, el logo oficial de dicho encuentro muestra la silueta de una mujer embarzada en compañia de esposo e hijos).

 

              Sí, la Iglesia católica en lugar se proponer reformas educativas, políticas que elimien la pobreza y la marginación, etcétera, coopta a sus fieles a tomar medias para frenar, condenar y evitar los cambios que la sociedad exige y necesita para regresar a un caudal más viable y con más garantias. En verdad os digo, un hijo es una gran responsabilidad, no solo es cuestión de fe.

               Y así, queridos lectores, iniciemos el mes de ¡Viva México!. Brindemos por todos nosotros, para que estos personas que se empeñan en dividir, como también parece estará la próxima noche del Grito, sean más pudrentes… salud por ellos!!!!! Adiós.

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