Nueva Izquierda no es la izquierda nueva

 

Edgar Baltazar

   

En 1999, Tlaxcala fue sede de la fundación de una asociación civil de confesa ideología socialdemócrata (centro-izquierda), cuya meta primigenia fue convertirse en la corriente dominante del PRD. El nombre de dicha corriente es Nueva Izquierda (NI), hoy en día usurpa la alta dirección perredísta y además goza del prestigio otorgado por el duopolio televisivo y la intelectualidad oficialista, quienes la califican como izquierda moderna y dialogante. Sus principales cabecillas son Jesús Ortega y Jesús Zambrano (de ahí el mote de los chuchos); dentro de sus militantes destacan Carlos Navarrete (Coordinador Parlamentario del PRD en el Senado), René Arce (Senador por el DF), Ruth Zavaleta (Presidenta de la Cámara de Diputados), Guadalupe Acosta (Presidente de facto del PRD) y Víctor Hugo Círigo (Coordinador Parlamentario del PRD en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal).

 

 

NI, es, en la actualidad, una pieza clave del andamiaje forjado por los grupos dominantes de poder, donde su rol especifico es el de cerrar la vía institucional-electoral a la izquierda social en México. Para lograr tal fin (invirtiendo la premisa de Carl von Clausewitz)  NI, emplea la vieja estrategia derechista de hacer de la política la continuación de la guerra por otros medios; esto mediante al menos cuatro tácticas: uno,  controlar la estructura del PRD; dos, atacar por todos los frentes al movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador; tres, deslegitimar las acciones del actual Gobierno del Distrito Federal y efectuar las maniobras políticas necesarias para asegurase la apropiación de la Jefatura de Gobierno en 2012 y, cuatro, fortalecer su alianza con el PRI y el PAN, destacando aquí la colaboración en la aprobación de las iniciativas referentes a la reforma energética, propuestas por Felipe de Jesús Calderón y copiadas al pie de la letra por el PRI.     

 

A continuación se desglosarán lo anterior:       

     

1.              Las fuerzas colaboracionistas del perredísmo-azul consolidaron su dominio partidista en el Congreso Nacional del año pasado, apoderándose de la mayor parte de los delegados del partido (80%); hecho que fue reconocido por la corrientes progresistas como una infiltración desencadenante en la derechización del PRD. Este proceso de secuestro a la estructura partidista se reforzó con el fraude electoral orquestado por NI para apoderarse de la dirigencia nacional del PRD. Dicho fraude busca ratificarse con una Comisión Nacional de Garantías (CNG) a modo para NI, lo cual ya ha desatado protestas de la corriente Izquierda Unidad que postuló a Alejando Encinas a la presidencia del partido, además de la renuncia de la propia presidenta de la CNG, Enrnestina Godoy, quien se deslindó así de los actos fraudulentos de los otros dos comisionados prochuchístas, Dolores Nazares y Renato Sales. NI logró imponer a Guadalupe Acosta como presidente sustituto del PRD mediante un cuestionado procedimiento, sin discusión y con una toma de protesta que duró cinco minutos; acto parecido al de la burda toma de protesta de un presidente espurio que en 2006, acompañado del aplauso de sus huestes, asaltó la tribuna del Congreso mexicano. Las similitudes entre el fraude en la elección presidencial de 2006 y el de la elección interna del PRD se presentan también con la parcialidad del árbitro electoral (el IFE avaló la imposición de Acosta Naranjo).

 

2.              La embestida chuchísta en contra de AMLO se intensificó desde el proceso de desafuero que éste último enfrentó; mientras Encinas y Ebrard abonaban un mes de su sueldo en apoyo a las movilizaciones en contra del desafuero, NI se desmarcó de las mismas, mostrando así sus preferencias en el conflicto entre el entonces Jefe de Gobierno y el gobierno federal panista. Otro ataque de NI al lopezobradorismo es el deslinde con respecto a las acciones de resistencia civil pacífica de la izquierda social relegada de la estructura partidista; esto desde el extrañamiento en torno a la toma de tribuna que impidió un albazo legislativo y abrió un debate, hasta las acciones que se ven venir ante la evidente alianza de los chuchos y el PRIAN para aprobar una iniciativa petrolera afín a los intereses del proyecto calderonísta. No podía esperarse menos de una seudoizquierda que no sólo acepta a un presidente ilegitimo, sino que se convierte en uno de sus más cercanos colaboradores.

 

3.              Si bien el gobierno encabezado por Marcelo Ebrard en la capital del país no es precisamente un triunfo institucionalizado de la izquierda social, al ser éste un pilar de la corriente antagónica al colaboracionismo del PRD azul, NI se ha valido de prácticas legislativas encaminadas a la merma del GDF. Tal es el caso de las intentonas de Círigo en la ALDF (aliado al PRI y al PAN) para atar las manos del Jefe de Gobierno  en el manejo de los  recursos públicos, principalmente aquellos destinados a programas sociales. También, el mismo Círigo y René Arce, han echado mano de grupos de ambulantes y transportistas para movilizarlos con el fin de desestabilizar al gobierno de la ciudad.

 

 

4.              NI ha manifestado, tanto en el Congreso como por medio de su presidente impuesto en el PRD, su disposición para aliarse con el PRIAN en la aprobación de la reforma energética. Al respecto, el presidente de facto del PRD tuvo el descaro de declarar: “confío en la palabra de Martínez y Paredes de que sólo se pretende la modernización”. Al asegurar que la propuesta calderonista disfrazada de priísta no es privatizadora, NI se adelanta al escenario de movilizaciones sociales en contra del entreguismo promovido por ésta corriente y sus patrones, deslindándose de un movimiento de izquierda social ajeno a los intereses representados por la seudoizquierda y las fuerzas políticas con las cuáles ésta forma alianza.

 

Estas cuatro tácticas del ala entreguísta del perredísmo abren escenarios de lucha y resistencia para una izquierda social cuyo objetivo no es la formalidad democrática, sino una democracia sustancial, ajena a los intereses particulares de grupos faltos de integridad. La infiltración derechista del PRD deja a la izquierda social sin alternativa político-electoral, sin embargo, le deja el terreno inconquistable por las élites partidistas: el espacio público no estatal. La hegemonía de los grupos de poder se manifiesta en las instituciones del régimen, pero la respuesta de la sociedad organizada a los poderes fácticos se da en las calles, espacio de politización por excelencia. Si la derecha ha conquistado las instituciones presentes, la izquierda puede conquistar la construcción de futuro, siempre y cuando no caiga en el falso juego de la unidad, desconociendo la legitimidad del conflicto como promotor de alternativas; en este caso, la guerra chuchista presentaría las alternativa de la ruptura o la recuperación del partido.

 

El movimiento encabezado por AMLO se encuentra ante la paradoja de abortar o no la vía electoral como opción de cambio. Sin caer en una indeseable opción violenta, dicho movimiento bien podría incorporarse por completo a la filas de la política hecha por ciudadanos organizados y no por mafias políticas asociadas, es decir, la política más allá de la política de las instituciones estatales, una política propia de la era postliberal, un tiempo nuevo donde las decisiones políticas no dependen ya de amarres facciosos sino también de la capacidad de respuesta social.

 

Si NI triunfa en su guerra, domina por completo al PRD, expulsa de la vía partidista al lopezobradorismo y junto con el PRIAN consolida a la clase política como una cofradía separada de la sociedad (sellando su alianza con la privatización petrolera), entonces, la izquierda social tendrá que ser una izquierda nueva, no como la caricatura de NI, sino como fuerza política que aglutine luchas sociales. Una izquierda promotora del cambio no sería entonces una fuerza socialdemócrata-reformista, sino un conjunto de luchas convergentes. 

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