Guelaguetza popular. Canto de flores y protesta

                                                                                                                                                                                                                   Cultura

Betsy Castellanos

Las dos Guelaguetzas

Distantes, las nubes con su nívea presencia, separan al sol de su tierra por algunos momentos. Falta poco para las diez de la mañana y las sillas y gradas del estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO) aún no se han ocupado en su totalidad, pese a que la Sección XXII del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) convocó a la Guelaguetza Popular a las ocho de la mañana.

Allá arriba, en el Cerro del Fortín, completamente acuartelado desde sus dos accesos, también han comenzado a llegar los espectadores, algunos de ellos descienden de los autobuses que se han emplazado por la orilla de la carretera que rodea al Cerro Guardián, los “acarreados”, como les llaman los asistentes a la Guelaguetza “alternativa”, la del magisterio.

La banda de música se acerca, los tamborazos preceden a los integrantes de la Sección XXII y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) que marchan para protestar en contra de la que llaman Guelaguetza “comercial” y para pedir la liberación de los presos políticos. Vienen con ellos las delegaciones de todas las regiones del estado.

La fiesta verdadera

Han llegado ya. Los cuetes, que se colapsan en las alturas dejando un rastro grisáceo, y los “monos” de calenda, que han subido tambaleándose y meneando sus lánguidos brazos al escenario, anuncian la presencia de las etnias oaxaqueñas.

Mientras las delegaciones se instalan en los lugares que les han sido reservados cerca del estrado, y los demás espectadores suben a las gradas o acomodan sus sillas, algunos obstruyendo el paso a los danzantes y orquestas, el magisterio recibe a su público: “Sean bienvenidos, hermanas y hermanos oaxaqueños a la fiesta verdadera, a la fiesta real del pueblo de Oaxaca, el magisterio se las entrega a todos”.

Las consignas comienzan a escabullirse entre los labios de los asistentes, puesto que, además de mostrar la riqueza cultural del estado, el magisterio se ha propuesto crear un foro de denuncia “para que Oaxaca, México y el mundo se entere de lo que está pasando realmente aquí”.

                El magisterio recuerda a los asistentes que la verdadera Guelaguetza, la que se inició entre los pueblos del Valle de Oaxaca antes de la llegada de los conquistadores y que se realizaba con la finalidad de agradecer a los dioses las cosechas, se ha transformado en un acontecimiento en el cual debe participar todo el pueblo, sin distinción de razas o clases sociales.

La Sección XXII dedica esta tercera Guelaguetza Popular a aquellos que han muerto por la libertad, a los prisiones y esclavos, quienes aún bailan, aman a la tierra y siguen llamando a la rebelión: “Cantaremos y bailaremos, reviviremos la memoria y honraremos a nuestros muertos con nuestra voz, danza, corazón y con nuestro puño, siempre en alto, porque la voz del pueblo también es baile, también es son, es canción que se vuelve grito de protesta para decirle al que nos lastima: ¡Aquí seguimos, aquí estamos, no nos callarán, no nos moverán, seguimos en pie de lucha!”.

Las canastas, llenas de estrellas hechas de flores, comienzan a ascender, coronan las cabezas de las chinas oaxaqueñas, representantes de la región de los Valles Centrales. Entre los “monos” de calenda, que ahora giran haciendo volar sus brazos, una china oaxaqueña sostiene el “torito” que silba y lanza sus esquirlas incandescentes, otra ofrece a los presentes “un cordial y combativo saludo”. Luego, desde San Antonino Castillo Velasco, Ocotlán, llega el “Jarabe del Valle”.

                “¡Bajen las sombrillas!” Gritan quienes se encuentran más alejados del escenario, pero las dos mujeres que impiden la visibilidad con sus paraguas permanecen impolutas hasta que la rechifla y las hojas de tamales que les avientan las obligan a cerrarlos. Y es que cómo no protegerse de este sol, gracias al cual la temperatura llegará a los 36° C, pero ni así los asistentes se mueven de sus lugares.

                La región de las flores y del canto, la Cañada, cuestiona a su público: “¿Acaso se han preguntado ustedes, por qué existe el lado contrario de nuestras ideas? Precisamente para probar la resistencia de nuestros pueblos, misma que ha durado 97 años”. Una mazateca recomienda tener presente y hacer consciencia sobre el movimiento magisterial, al cual, asegura, “ni la corrupción, la traición, y mucho menos un gobernante nefasto, acaba”.

                Por su parte, la Costa, representada en esta ocasión por las delegaciones de Putla Villa de Guerrero, Santos Reyes Nopala y los diablos de Santiago Collantes, todos ellos bailando al ritmo de las chilenas, expresaron a los presentes: “Este dolor que traemos en la Costa, hermanos, esta rabia contenida, hoy se convierte en palabra dulce, en sones alegres, en canciones bellas, en lucha firme y consecuente”.

Con la finalidad de aumentar el número de bailes en la tercera Guelaguetza Popular y darle oportunidad de participar a otros grupos y compañías de danza, la Sección XXII convocó a un concurso de bailes en la Mixteca, fue así como seleccionaron “Ita Chanuni” y “Moros y cristianos”, ambos se presentan por primera vez en esta fiesta oaxaqueña.

                Proveniente de Tamazulapan, también en la Mixteca, no podía faltar el llamado “inigualable Jarabe Mixteco”, que hace corear a los asistentes, con hálitos de nostalgia, debido quizás al tepache, bebido en jícaras, y al mezcal, en carrizos, la Canción Mixteca de José López Alaves.

Con sus sones, Ciudad Ixtepec viene representando a la región del Istmo de Tehuantepec, llegan ya las “Inmortales Sandungas”, mirando fijamente a sus hombres zapotecos de sombreros rojos. Le sigue la Sierra Sur, que trae, desde Miahuatlán de Porfirio Díaz, “El palomo” y “El guajolote”, bailes envueltos por remolinos policromos que forman las enormes enaguas.

                Desde Tlahuiltoltepec, en la Sierra Norte, llegan los “jamás conquistados” a presentar su “Jarabe Mixe” y su ceremonia del tepache. De esa misma región también han venido los “Sones y jarabes de Betaza”, mientras esta delegación sube al escenario, el magisterio invita al Consejero Estatal de la APPO, Flavio Sosa, a subir al estrado.

                Sosa asegura que “el poder de este pueblo digno, rebelde, valiente y heroico, no se ha doblegado” y que “la APPO vive y vivirá para siempre en el corazón, en el presente y en el futuro de Oaxaca”.

                Desde una de las regiones más productivas de Oaxaca, la Cuenca del Papaloapan, llega “La compañera del chinanteco”, mismo que relata la vida cotidiana de la mujer en esa región. De allí mismo llega uno de los bailes más plausibles del estado: “Flor de piña”, con sus listones, huipiles y sonrisas de colores.

                Para finalizar la presentación de los distintos pueblos de Oaxaca, vuelven al escenario los Valles Centrales, con los “Zancudos” y la prehispánica “Danza de la pluma” de Zaachila, pueblo que dice a los asistentes: “La ‘Danza de la Pluma’ es simbolizada en este día con el penacho, que es el triunfo de los pueblos unidos en contra del sistema represor capitalista e imperialista, y cada una de sus plumas representa las diferentes razas, ideologías y banderas que armónicamente se unen para un bien común.”

La cultura no se vende, se comparte

La tercera Guelaguetza Popular se financió a partir de la cooperación de los miembros de la Sección XXII, quienes acordaron el 5 de julio, y lo señalaron durante la celebración, cooperar con 20 pesos cada uno, así, multiplicados por los 70 mil integrantes se suma la cantidad de un millón 400 mil pesos. La Secretaría de Turismo, por su parte, no dio a conocer la cifra exacta que invirtió en las fiestas del los lunes del cerro, aunque el magisterio calcula que fueron alrededor de 6 millones de pesos, de los cuales, el gobierno obtendrá unos 120 millones.

El magisterio decidió, como las dos veces pasadas, realizar una Guelaguetza sin costo alguno, pues aseguran “la cultura no se vende, se comparte”, además señalaron que lo importante es que se contó con la presencia del pueblo, y no de funcionarios y “acarreados”, por ello, es posible que esta Guelaguetza Popular se institucionalice.

La Guelaguetza alternativa, que tampoco tuvo invitados de honor, puesto que el magisterio considera que todos los presentes acudieron por su propia voluntad, superó las expectativas que tenía respecto al número de personas que acudirían, ya que, según cifras que dieron a conocer durante la celebración, se rebasaron las 35 mil, mientras que en el Auditorio Guelaguetza, con capacidad para 11 mil 400 espectadores, el mismo magisterio declaró que habían alrededor de 10 mil asistentes.

Para las 5:30 de la tarde, el “Dios nunca muere” de Macedonio Alcalá se dispersaba al igual que los congregados. Las nubes seguían viajando serenas, pero ahora ocres, sobre la tierra del sol.

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