Tragedia anunciada/ opinión

Jaime Julio Vega Pompa 
 
            “En circunstancias de verdadera tragedia se ven las cosas de inmediato… pasado, presente y futuro junto”
LOS CUERPOS policíacos de la ciudad de México que participaron en el operativo al antro denominado “News Divine”, el pasado 20 de junio del presente año, han puesto al descubierto lo que se sabía de sobra, la ineptitud de la policía en México. Es evidente que se cometieron un sinnúmero de errores, por parte del grupo policíaco que llevó a cabo el operativo, que costaron la vida a 12 personas. Sin importar su cargo o su edad, lo cierto es que nadie debió haber muerto.
 
Si queremos entender el problema a profundidad y conocer quiénes han sido un factor importante para que ésta tragedia se desatara, debemos cuestionarnos con gran objetividad y aceptar responsabilidades que indiscutiblemente hemos omitido, creyendo que la seguridad de la población es sólo responsabilidad del gobierno.
 
Comencemos por preguntarnos ¿La culpa es sólo del cuerpo de policías? Algunos pueden responder rápidamente que no, que el jefe de policía, el jefe de gobierno y otros funcionarios públicos son igual de responsables que el cuerpo de policías que llevó a cabo el operativo. Ésta respuesta es coherente pues el señor jefe de gobierno Marcelo Ebrard tiene responsabilidades que omitió y debe responder por ello, igual que los demás servidores públicos que han sido cesados, pero la respuesta carece de profundidad de análisis del hecho en cuestión.
 
Planteémonos lo siguiente ¿Por qué tenemos una institución policíaca de mala calidad, no solo en una ciudad como el D.F, sino en todo el país, como lo han demostrado las pruebas emitidas por distintos medios de comunicación en las últimas semanas? Bueno, pensemos ¿cuántas veces la llamada “mordida” nos saca de problemas con la policía? El problema es serio.
 
Este sistema de corrupción elaborado se ha tomado a mofa por la sociedad y muchos otros medios de comunicación, y no es culpa total de los servidores públicos, sino de nosotros los ciudadanos, ya que sabemos de la mala calidad, de los errores, de los puntos negativos de la policía que deben corregirse y aun así no hacemos nada, jamás levantamos la voz para acabar con la corrupción, y esto se está convirtiendo en parte de nuestra cultura. Son problemas que se arrastran desde muchos años atrás y que han sido parte de la desgracia en el “News Divine”.
 
La corrupción no sólo está presente en nuestro sistema de seguridad pública, sino en los altos mandos del poder político de México y en la mayoría de las instituciones, si acaso la único que es salvable es el ejército, que según varios estudios demuestran que es la institución más respetada y menos corrupta del país.  
 
Todos debemos asumir la culpabilidad en la muerte de esas doce personas, víctimas inocentes de los descuidos de una sociedad distraída y atrasada, que está llena de miedos y carencias. El silencio ha sido la tumba, no solo de doce personas, sino de un sinnúmero de hermanos mexicanos que mueren por culpa de la delincuencia organizada, que caen en las drogas, en el alcoholismo, tabaquismo, corrupción, analfabetismo, que mueren de hambre, de enfermedades porque tenemos miedo de hablar con voz fuerte. Pretendemos que con hacer mega-marchas en contra de la violencia el problema será resuelto por las autoridades, no es así, ese tipo de marchas sirven para manifestar el repudio de la sociedad por actos tan execrables por parte de los delincuentes, nada más, pero no resolverán el problema.
 
     Actualmente avocamos nuestra atención a la alta política, a los problemas financieros mundiales, a las cuestiones internacionales o los espectáculos, pero ¿qué hay de la rendición de cuentas por parte los funcionarios públicos, nos preguntamos en qué condiciones están trabajando los policías, si se les da el apoyo necesario para llevar a cabo sus funciones? Claro que no, y tampoco nos preguntamos si se les da el adiestramiento necesario. Sabemos que por ley se deben cubrir todos esos rubros, pero ya vimos que la omisión de la ley provocó la tragedia que se había manifestado desde el pasado, mucho tiempo atrás. Nadie velará por nuestros derechos más que nosotros mismos.  
 
También, y reconozcámoslo, parte de la culpa es de la ciudadanía, por no exigir que sus derechos sean cumplidos tal y como lo dicta la ley, tenemos derecho a un cuerpo policíaco de primer nivel, a expresar nuestras demandas y ser escuchados, pero mientras sigamos creyendo que el presidente de la república, el ejército, el jefe de gobierno y el sistema de policía actual deben por sí solos solucionar los problemas, las desgracias serán cada vez mayores y como siempre serán anunciadas con anticipación, como se anuncian en este momento otras calamidades para el país, para la sociedad mexicana.
 
Si no hacemos nada de una vez por todas y cambiamos de mentalidad, éste país seguirá sufriendo porque así lo hemos querido. El cambio se dará a través del cambio de educación y concepción en la institución que es la base de la sociedad: LA FAMILIA.  
 
Es hora de poner los pies en la tierra y ser congruentes con lo que queremos y con lo que hacemos, con lo que exigimos y con lo que damos, pues bien reza el dicho: “vemos la paja en el ojo ajeno, mas no vemos la viga en el propio”. Mientras los menores de edad busquen los vicios correrán peligro, sea en el lugar que sea, pues también representan riesgos para su salud que pueden ocasionar su muerte por errores propios o ajenos, y entonces dirán “es culpa del gobierno por no hacer algo”, pero ¿qué hizo la familia, qué hizo la sociedad en su conjunto por evitarlo?
 
Como vemos, cada problema que aqueja a la sociedad debe ser resuelto por la sociedad en conjunto con sus autoridades que se supone deben trabajar para el bienestar y el desarrollo social, no sólo para estar en medio disputas políticas, como sucede en México. Ya basta de hacernos de oídos sordos contra la impunidad.
 
Ahora sabemos quiénes son los verdaderos causantes de la decadencia policíaca y social, es hora de enfrentarlos y hacer valer nuestros derechos y exigir que se pongan manos a la obra; todo está en nosotros y en nuestra capacidad de análisis justo y crítico, en nuestra determinación y valentía para actuar en pro de las generaciones ulteriores de nuestro país. Por ahora podrán caer las cabezas de todos los servidores públicos pero de nada servirá y habrá que esperar la próxima serie de errores fatídicos para querer e intentar hacer algo al respecto, pues recordemos que quién no aprende de su historia está condenado a repetirla.
 
La clave y fórmula para acabar con todo el círculo de impunidad, omisión, corrupción, miedo, ignorancia e intentos fallidos es la educación, la cual debe ir más allá de la escolar, debe ser a favor de la comunicación, los valores en sociedad, el respeto hacia los demás y hacia uno mismo, una que muestre a los jóvenes un país de esperanza, logros y metas, y no sólo de fracasos, problemas y conformismos.
 
Dejemos atrás los viejos rencores, fracasos y miedos que han inundado la historia del país, demostremos de qué estamos hechos los verdaderos hombres y mujeres de México. Basta de conflictos absurdos entre tribus urbanas, de problemas por diferencias políticas, religiosas, étnicas y culturales. Vayamos juntos por el país que todos deseamos pero que no hemos sabido buscar, quitémosles de las manos el país a un grupo de personas que sólo buscan su propia grandeza y no la prosperidad y seguridad, donde todo el pueblo trabaje para vivir y no dónde viva para trabajar.
 
Evitemos otra desgracia, ya que la próxima vez no podremos quejarnos si seguimos en la misma situación. Los viejos, nuevos y futuros logros, o tragedias, fueron, son y seguirán siendo responsabilidad de la sociedad en común. Espero que en ésta ocasión abramos verdaderamente los ojos y los oídos, que no sólo miremos hacia el tema como un suceso político y nada más.
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