Adiós, Santiago, las televisoras

Eduardo Rodríguez Soto

 

Santiago Creel Miranda, en su calidad de presidente del Senado de la República y de entonces coordinador de la bancada del PAN en el mismo recinto, avaló el 6 de mayo pasado el predictamen de un proyecto legislativo que presentó el Grupo Plural Para la Revisión de la Legislación en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, el cual, de convertirse en ley, apostaría por la pluralidad en los medios y acentuaría delimitaciones en obligaciones y derechos de éstos. El trabajo de los legisladores, sin embargo, en nada agradó a los concesionarios de las dos más grandes televisoras del país, Televisa y TV Azteca, porque dicha legislación “atentaría” contra sus intereses económicos y políticos y por ello, conjeturan políticos y especialistas, fue una de las razones que motivaron la remoción del senador Creel de su cargo de coordinador de la fracción parlamentaria del PAN en el Senado, principalmente por presiones de las televisoras, a cambio de que éstas promovieran y difundieran, para su aprobación, la reforma en materia energética presentada por el Ejecutivo.

 

La noche del 10 de junio el presidente del blanquiazul, Germán Martínez Cázares, en conferencia de prensa anunció que con el propósito de perfilar a su partido de mejor manera para las elecciones de 2009, Santiago Creel dejaba de ser el representante de los 52 senadores panistas y que el cargo lo ocuparía el senador Gustavo Enrique Madero Muñoz. Se le cuestionó al dirigente nacional de Acción Nacional que si la salida de Creel tenía que ver con presiones ejercidas por las televisoras, a lo que el panista respondió: “Nadie tiene poder de intromisión o veto sobre nuestros liderazgos”. Además, negó también que el hecho de que la remoción de Creel tuvo que ver con las encuestas realizadas por El Universal, Reforma y por la empresa de Liebano Sáenz, y en las que el ex secretario de gobernación apareció como el político panista con mayor aceptación para la candidatura presidencia.

 

Pero políticos y analistas infieren que Santiago Creel dejó de ser “funcional” para los intereses del PAN y del gobierno Federal “al no conducir correctamente” la reforma en materia energética del presidente Calderón y permitirle a la oposición realizar un foro de debates para discutir la reforma, elemento que aprovecharon las televisoras para “negociar” la salida del panista, a cambio de darle presencia mediática a la reforma calderonista. De esta manera, Televisa y TV Azteca, televisoras que concentran el 92.3 por ciento de las concesiones para televisión abierta, echarían por tierra los esfuerzos del Grupo Plural por sacar la nueva ley Telecomunicaciones y de Radiodifusión, esfuerzos que, por cierto, tomaron en cuenta señalamientos que en junio de 2007 apuntó la Suprema Corte en su resolución en contra de la Ley Televisa.

 

“El mensaje (de la remoción de Creel) es desastroso. El gobierno de Calderón ha sido incapaz de enfrentar a las televisoras”, declaró en entrevista para el semanario Proceso, Javier Corral Jurado, presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI). Por su parte, Carlos Navarrete, líder de la bancada perredista en el Senado, dijo que habían sido los “poderes fácticos” quienes influyeron para que Santiago se fuera, con lo cual se vería fracturado el acuerdo “informal” que habían hecho para sacar la ley para el periodo ordinario de sesiones que comienza en septiembre.

 

Sólo diez días pasaron para que el nuevo coordinador de la fracción parlamentaria del PAN, Gustavo Madero, diera la espalda a lo que su antecesor ya había dado su punto de vista y entonces dar el segundo paso, votar el dictamen. El 19 de junio se votaría el dictamen original, pero una discusión entre el senador panista Ricardo García Cervantes, de quien es la iniciativa de ley, y su coordinador impidió que la votación en comisiones se llevara a cabo.

 

El presidente del Senado, Santiago Creel, no ha confirmado que por las presiones de las televisoras lo quitaron de su cargo pero, a la fecha, tampoco lo ha desmentido.

 

¿Gobierna la televisión a la clase política?

 

Gustavo Martínez Pandiani, en su libro Homo Zapping, asegura: “La televisión significa tantos riesgos como oportunidades para los regímenes democráticos: su impacto final depende, sobre todo, de la calidad y eficiencia de las instituciones políticas que la rodean. Cuanto más sólidas son las organizaciones de la sociedad, más difícil resulta para la televisión abusar su rol. Cuanto más débil es la credibilidad de la clase dirigente, más fácil resulta para ella trivializar sus funciones”.

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